Category Archives: Nueva York

Crónica de un paisaje disfuncional

NOMAD STUDIO

NOMAD STUDIO

Publicado en InfoLibre

Cuando la mayoría de nosotros observamos un paisaje nos guiamos por su grado de belleza en base a la noción romántica de lo pintoresco; un estímulo visual de la naturaleza que nos hace querer representarlo en una imagen: en un cuadro o una fotografía. Laura Santin y William Roberts de Nomad Studio van más allá de lo pintoresco. Además de la posible belleza o fealdad del panorama, ellos ven indicios que describen la calidad de un territorio, su juventud, su vejez o su perdurabilidad. Son capaces de leer el paisaje y sacar conclusiones que son mucho más determinantes acerca del futuro de una región y una comunidad.

Ambos son arquitectos de paisajes, Laura es de Madrid y William es de Nueva Orleans pero viven y trabajan en Nueva York desde su estudio en Dumbo, una zona de Brooklyn muy de moda, con aire industrial; y sin embargo ellos mantienen una posición que se distancia de plano de la idea del arquitecto estrella y los proyectos altamente mediáticos. Su discurso es fundamentalmente social y sus proyectos contemplan una verdadera reorganización efectiva del territorio más que un mero maquillaje o adorno. Para ellos no es posible una verdadera transformación del paisaje y de su entorno social si no es a partir de una concepción ampliada del campo de trabajo. No se pueden transformar unas condiciones enfermas o disfuncionales de un territorio si no es afrontando los verdaderos problemas de una región. El trabajo de los arquitectos de construcción puntual y localizada, por muy medioambiental o protosocial que sea su propuesta, no puede resolver los problemas estructurales de una ciudad o de una región, es imposible. A menudo se tratan de puros experimentos que el tiempo condena al desmantelado o decaimiento, convirtiéndose en construcciones o territorios zombies cuyo mantenimiento resulta más costoso a nivel económico y social que cualquier estrategia de relocalización. 

Un ejemplo emblemático de esta prolongación artificial de la vida de un territorio es Nueva Orleans. Una región que Nomad denomina, en uno de sus proyectos más interesantes, como territorio disfuncional. Nueva Orleans esta en el Delta del río Missisipi y es por lo tanto un territorio relativamente reciente, prácticamente un bebé en términos geológicos, pero su estado real es el de un anciano comatoso al que se le esta prolongando la vida de un modo artificial.

Nomad Studio Project. Foto de Leila Jacue

Nomad Studio Project. Fotografía de Leila Jacue

El problema de Nueva Orleans es el agua. Por un lado está el exceso de agua de una zona pantanosa, propia de una desembocadura. Por otro lado está la mala gestión que se ha hecho del propio río Missisipi. Se trata de un río joven, y por lo tanto cambiante, que buscaba otro curso pero al que se ha forzado a seguir su cauce sellándolo y aislándolo de un territorio que ha perdido a consecuencia los nutrientes del río. Finalmente, para más inri, están los huracanes que azotan la región desde el mar lo que convierte a Nueva Orleans en una ciudad y una población que ha sido completamente sacrificada por un gobierno regional que vive por y para el turismo y el desarrollo y mantenimiento del trazado demencial de tuberías de petróleo que atraviesan la región conectando a Texas con el golfo de México.

Al igual que Venecia, Nueva Orleans es una región con los días contados. La subida del nivel de los océanos además del carácter cada vez más violento de los fenómenos atmosféricos nos dice que podemos hablar de una habitabilidad cada vez más limitada de la zona que podría afectar a generaciones muy próximas. Si es ya tarde para revertir definitivamente este proceso de desaparición no lo es para la reorganización de las ciudades y su relocalización. Si no se puede reducir el impacto, sí se puede reducir la zona a impactar. Medidas que según argumentan los arquitectos de Nomad resultan a largo plazo menos costosas y son capaces de garantizar un futuro más duradero y armónico para la región pero que el clima de segregación y caciquismo de la zona no permiten hacer realidad bajo el modelo actual que supone el sacrificio del futuro para todos por un presente para unos pocos.

Entrevista a Oriol Maspons

Publicado originalmente en Tunica en inglés y traducida al español en Infolibre

Oriol Maspons . Self Portrait

Esta entrevista se realizó sólo unas semanas antes de que Oriol Maspons falleciera. DEP

En un antiguo autorretrato suyo, usted aparece junto con su espléndida colección de equipo fotográfico dentro de un dolmen o sepultura prehistórica. Visto ahora me parece un ejercicio muy irónico sobre la desaparición de las antiguas técnicas e instrumentos ante el surgimiento de la era digital de la imagen. Me gustaría saber cuál es su lectura hoy y si recuerda el motivo de esta fotografía. 
Esa foto era un Christmas que le envié a un amigo y fue tomada en Gerona, en un viejo dolmen funerario. La hice con mi amigo Julio Ubiña.

Parece inevitable preguntarle por la tecnología digital. He leído en una entrevista que odia las cámaras digitales, ¿sigue pensando de la misma manera? ¿Cuál es para usted la diferencia esencial entre el uso de ambas tecnologías?

No uso cámaras digitales, nunca lo he hecho. Las cámaras analógicas siempre han funcionado bien para mi. Básicamente estoy desconectado con esta nueva tecnología porque surgió tarde en mi carrera. La única cámara digital que he tenido me la quitó mi hijo para usarla él (risas).

Tengo entendido que usted ha trabajado principalmente por encargo, ¿es correcto? ¿Tomaba o toma ahora también fotografías “fuera del trabajo”? ¿Qué era lo que más le llamaba la atención como fotógrafo entonces y ahora?
Solo me pagaban las fotos publicadas, lo cual era muy común y probablemente también ahora lo sea. Por eso, consciente e inconscientemente mis colegas y yo creamos imágenes con el propósito de verlas impresas en los medios. En este aspecto no hay mucha división para un fotoperiodista, estamos alerta en todo momento por si surge una imagen que pueda formar parte de nuestro trabajo.

¿Cree usted que una buena fotografía debe de impactar o sugerir, o las dos cosas?
Para mi una buena foto tiene que informar al espectador. Darle un tipo de información que sea nueva en un cierto modo. También, dependiendo del encargo, buscas un efecto u otro.

Normalmente cuando se piensa en fotografía documental, con la voluntad de reflejar la realidad, se piensa en imágenes en blanco y negro. ¿Por qué cree usted que el blanco y negro nos parece más real? 
Sinceramente creo que es porque estamos acostumbrados a ello. Es parte de la memoria colectiva ya que tantos grandes fotoperiodistas han trabajado en blanco y negro.

¿Para hacer fotografía documental hay que pasar desapercibido o hacerse notar?
Creo que la mayor parte de las veces es mejor pasar desapercibido (risas).

Hoy en día ciertas obras fotográficas alcanzan precios muy altos y se comercializan bajo tiradas muy limitadas. ¿Qué piensa sobre esta fetichización de las copias?
Esto es un resultado de la tendencia del mercado del arte para equilibrar la multiplicación de las imágenes (y por tanto su devaluación) con la unicidad de la pintura. Es un modo de equilibrar el valor y seguir vendiendo arte.

Nueva York, donde resido, es una ciudad que parece estar hecha para ser fotografiada. ¿Piensa usted que hay ciudades más interesantes para hacer fotos o quizá se trate más de las personas que viven en los lugares y que son reflejo de sus formas de vida? 
Nueva York es una ciudad fascinante que me encanta, es una de mis ciudades favoritas. La energía de la gente que vive allí crea una atmósfera única. Es también muy importante la herencia creativa de los lugares. No es sólo la ciudad la que crea la energía sino también el influjo cultural y la historia de los lugares y como se ha apoyado la cultura.

¿Puede hablar un poco sobre la vida cultural que usted vivió en las metrópolis de los años sesenta y setenta: Barcelona, París, Roma, Nueva York…?
En esos días la vida creativa de esas metrópolis estaba interconectada. Todos nos conocíamos y trabajábamos en proyectos juntos, a veces por ser amigos. Por ejemplo podías ver a Antonioni venir a mi casa y pedirme que le hiciera unas fotos para algo, y yo lo hacía.

En mi época muchos fotógrafos simplemente no podían permitirse ser directores de cine, así que teníamos que especializarnos en fotografía y hacer toda una película en un solo disparo (risas).

¿En qué está trabajando ahora?
Uno de mis últimos proyectos es una exposición antológica, comisariaza por David Balsells, que está a cargo de mi archivo fotográfico (en el MNAC, el Museu Nacional d’Art de Catalunya) con la colaboración de Elsa Peretti.

Oriol Maspons (English)

Publicado originalmente en Tunica

This interview was made just weeks away before Oriol Maspon’s passed away on August 12th, 2013. RIP 

– In an old self-portrait you pose together with an amazing collection of photographic cameras inside of a dolmen, a prehistoric tomb. Looking at it right now it seems to me like a very ironic instant about the disappearance of old analogical techniques. I’d love to hear what the original purpose for that picture was.

 That picture was a Christmas card I sent to a friend and it was taken in Gerona, Spain in an old burial dolmen. I did it with my partner Julio Ubiña

-It seems unavoidable to ask you about digital photography. I read in an interview that you “hate” digital cameras. Do you still think the same way?

I don’t use digital cameras and I never have. Like they say, if it’s not broken, don’t fix it. Analogical cameras always have worked well for me. Basically I am disconnected with this new technology because it came late in my life. The only digital camera I owned my son took it from me (laughs)

– I have heard that you have mostly worked per assignment, is that right? Do you also take pictures other than the commissioned ones?

I was paid for only for published Pictures, which was very common and probably still is. So, consciously and unconsciously me and my colleagues created images with the purpose of seeing them printed in the media. In that regard there is not such a division for a photojournalist, we are at all times alert to images that can be used and constitute our work.

– Do you think that a good picture should shock the viewer or suggest?

For me a good picture has to inform the viewer. Give them a sort of information that is new in a certain way. Also, depending on the assignment you look for one effect or another.

– Usually when you think about photojournalism, you think in Black and White photography. Why do you think Black and White pictures look in a way more “real” to us.

Honestly, I think it’s just because we are used to that. It’s part of the collective memory since so many great photojournalist have worked in black and white. Perhaps because it is easier to develop…

– To be a photojournalist is it better to be unnoticed or to make yourself visible?

Well, I think most times it’s better to be unnoticed (laughs)

– Nowadays some photographic prints reach very high prices in the market. What do you think of this commoditization of the copies?

This is a result of a tendency in the art market to balance the natural possible multiplication (and hence the devaluation) of the image as opposed to the uniqueness of painting. It is a way to balance the value and keep selling art.

New York, where I live, is a city which seems to be made for being photographed. Do you think some cities are more interesting  for taking Pictures, or it’s more the people who live in the places who make them more interesting to take pictures?

New York is a fascinating city that I love, one of my favorite cities. The energy of the people who live there create an unique atmosphere. It is also very important the creative heritage of the places. It is not the city itself what creates the energy but the cultural influx and history which can support creativity in the right environment.

– Can you speak a little bit about the cultural life you lived in the metropolises of the 60’s and 70’s: Barcelona, Paris, Rome, New York…?

In those days the creative life in these metropolises was interconnected. We all knew each other and collaborated in projects together, sometimes out of friendship. For example you would see Antonioni walking into my house and asking me to take some pictures.. and I would do it.

In my time many photographers simply couldn’t afford to be cinematographers, so we had to specialize in photography and make a whole movie in a single shot… (laughs)

-What are you working on right now?

One of my latest projects is an anthological exhibition at the MENAC, curated by David Balsells, who is in charge of my photography archive with the collaboration of Elsa Peretti.

Blue Jasmine, luna azul americana

Originalmente publicado en InfoLibre

Blue Jasmine en un cine de Nueva York - Fotografía de Leila Jacue

Blue Jasmine en un cine de Nueva York – Fotografía de Leila Jacue

Blue Jasmine se estrena en las salas de Nueva York con éxito de taquilla. Se dice que Woody Allen es más popular en Europa que en Estados Unidos -al menos en general – pero esta ciudad siempre recibe con interés las películas del autor, especialmente cuando la acción tiene lugar, aunque en este caso lo sea parcialmente, en la propia Nueva York.Allen ofrece a menudo un retrato subjetivo de algunas de las miles de facetas y posibles líneas vitales que la ciudad produce.Un reflejo cultural que los neoyorquinos buscan en el cine y en las obras de arte que al fin y al cabo es una demostración de que la cultura es capaz de proyectar hacia el futuro y de proyectarnos como ciudadanos de una sociedad progresista y abierta.

Nueva York para Allen siempre constituyó un ejemplo de coexistencia de culturas y generaciones, de lo nuevo y de lo viejo y de lo profundamente absurdo, y por eso cómico, de todo ese roce de temporalidades que coexisten en el trazado limitado pero con infinitas combinaciones de Manhattan. En el caso de Blue Jasmine no está claro que el reflejo que devuelve la película a los espectadores sea una optimista idealización de las contradicciones de la ciudad que el mundo necesita para convertirla en modelo y destino por excelencia. La imagen a la que nos enfrentamos en este caso es un retrato desfigurado de una sociedad radicalmente desconectada de su sustrato social, de la retórica del lugar de las oportunidades y del mito del sueño americano.

La relación de Woody Allen con Nueva York siempre ha sido una de amor y odio, tal vez como la de cualquier habitante de la misma que se precie. Recuerdo una frase de Lou Reed en Blue in The Face(ese maravilloso retrato de Brooklyn realizado por otro clásico de la ciudad como es Paul Auster junto con Wayne Wang) en el que dice a la cámara que no conoce a nadie que no haya hablado de irse de aquí y que él mismo lleva 35 años pensando en hacerlo. Se trata de un sentimiento de fuga inminente que está instalado en todos los habitantes de la ciudad. Pero además hay algo intrínseco de esta ciudad, la adaptación necesaria a sus ritmos, distancias y polivalencias que produce una neurosis programada. Un estado de conciencia que sólo sirve para esta ciudad por lo que cualquier cambio de entorno necesariamente conlleva un desajuste y la evidencia clínica de los síntomas. Blue Jasmine representa de un modo sublime este desajuste, encarnado en esta ocasión por un miembro de la élite social cuya agenda funciona con la precisión de un reloj suizo, cargado de eventos y actividades y en el que el más leve contratiempo conlleva un inevitable desliz histérico.

La maravillosa Cate Blanchett se luce en un papel pensado prácticamente para ella, especialmente después de su interpretación de Blanche DuBoise, la protagonista de Un tranvía llamado deseo de Tennesee Williams, en la adaptación de Liv Ullmann para los teatros de Broadway. Blanchett desdobla a Blanche bajo la insuperable guía de Woody Allen para dar forma a Jasmine, un personaje que es a la vez víctima y verdugo dentro de un entorno social y familiar que representa la deriva atroz del capital financiero y de sus formas de destrucción de las conexiones equilibradas del tejido social. Al igual que la Blanche de Tennesse Williams, su altivez y pretensiones de alcanzar un ideal sustancial de riqueza, educación y cultura se ven truncados por su falta de conexión con ella misma y el camino dedicado y laborioso hacia la virtud, un camino que para ella resulta obscenamente trabajoso e indigno. Se trata sin duda de un filme político en el que Allen critica esa virtud prefabricada que gira en torno a la apariencia y posesión de objetos de lujo, características aceptadas de valor y de buen gusto pero que son usadas en ocasiones como herramientas de discriminación social, de pertenencia de clase. Para Jasmine, todo: objetos, obras de arte y personas forman parte de los bienes que le corresponden simplemente por tener el exquisito gusto para apreciarlos. Una pasión tan abstracta por lo elevado que al final deviene fantasmagoría.

En sus momentos de soledad Blue Jasmine rememora la canción Blue Moon, atrapada en la ensoñación mental de una época que nunca existió, que fue la ficción que usaron los artistas y músicos para escapar de la atroz lucha de poder que tiene lugar en el mundo, demasiado cruel como para no querer escaparse de ella. Resulta interesante ver en la película similitudes con la obra de Scott Fitzgerald y en especialmente El Gran Gatsby (muy recomendable también la revisión del clásico que ha hecho el mismo Liv Ullmann) y el retrato de una sociedad basada en el dinero como equivalente universal que encarna ficciones, como la del propio Gatsby o la de Jasmine. Vidas que son como una bonita canción, que se ha tocado un millón de veces hasta que ha formado parte de nosotros; que suena en nuestra cabeza y nos lleva dulcemente a un lugar que nunca existió en realidad.

La sonificación del cambio climático

Originalmente publicado en InfoLibre

Paul D. Miller aka Dj Spooky - Fotografía de Leila Jacue

Paul D. Miller aka Dj Spooky – Fotografía de Leila Jacue

La sonificación sonification en inglés es un neologismo que refiere a laconversión en sonido de cualquier tipo de información, transformando los datos numéricos en datos sonoros. Este nuevo enfoque de la información ha sido desarrollado por Robert Alexander, un joven doctorando en la Universidad de Michigan y colaborador con la NASA, cuya investigación diseña nuevas herramientas informáticas para interpretar la información tomada por científicos y transformarla en algo más que fríos números y gráficos. El resultado es un innovador análisis de la información que nos ofrece una presentación de los datos mucho más fresca e intuitiva.

Robert Alexander se considera a sí mismo especialista en sonificación de datos y compositor. De acuerdo con su investigación, todo tipo de información es susceptible de ser transformada en sonido; por ejemplo la información bursátil, el ritmo cardiaco, la intensidad las ondas cerebrales, la densidad de tráfico de una ciudad, etc. Una de sus más interesantes creaciones es la sonificación de los datos que la NASA posee del viento solar; las corrientes expulsadas de la atmósfera superior del sol que afectan a la tierra con tormentas geomagnéticas y las visualmente fascinantes auroras (boreal y austral).

En la actualidad la NASA posee gran cantidad de material visual proporcionado por los satélites y unidades de exploración espaciales,pero se trata casi siempre de películas mudas. Robert Alexanderinterpreta la información de las imágenes (ritmos, intensidades, velocidades) y la transforma en sonido creando una especie de “banda sonora” para estas películas. El resultado, además de espectacular, da una valiosa información sobre las repeticiones y frecuencias de los fenómenos espaciales que podemos percibir de una forma más sensorial y sin necesidad de una comparación numérica.

El innovador enfoque de Alexander ha despertado el interés de muchos científicos, como es lógico, pero también de artistas y músicos, conscientes de las posibilidades creativas y sociales de esta investigación. Recientemente ha colaborado con Paul D. Miller a.k.a. DJ Spooky that subliminal kid, un teórico de los medios, artista y compositor con el que comparte un interés mutuo en la visualización de los efectos del cambio climático y la transformación de la superficie terrestre.

Paul D. Miller a.k.a DJ Spooky ha viajado a los polos creando On Water and Ice, una exploracion audiovisual en el que la información tomada del deshielo de los glaciares ha sido sonificada para formar parte de la composición.  Antes de este proyecto sonoro, escribió y editó The Book of Ice (Powerhouse Books), un libro en el que, a modo de DJ, remezcla sus propias fotografías con ilustraciones y material de archivo para componer un manifiesto a favor de una república Antártica, liberada del dominio y explotación de las potencias mundiales que implica en última instancia una explotación de los recursos globales.

El resultado es una investigación teórica y visual -en parte histórica, en parte ensayística – en la que se examina la evolución gradual de un planeta tierra que fue en origen extremadamente caliente y sobre el que tuvieron que pasar millones de años para que se enfriase dando lugar a la vida orgánica, un proceso que la civilización está revirtiendo peligrosamente.

Recientemente DJ Spooky ha formado parte del programa de artistas en residencia del Metropolitan Museum de Nueva York en el que ha podido dar forma a su trabajo de sonificación del cambio climático con la ayuda de Robert Alexander. Como fin de su programa de residencia, ambos artistas colaboraron en una performance en el café del MET Museum en la que compartieron su investigación y los datos sonificados con la audiencia, la cual pudo compartir también los sonidos de sus teléfonos móviles y dispositivos portátiles a través de WiFi en una gran fiesta de remezclas colectivas.

 

Interview with Nancy Whang from LCD SOUNDSYSTEM

Originalmente en la revista en papel Tunica

Nancy Whang by Leila Jacue

Nancy Whang by Leila Jacue

Nancy Whang is one of the founding members of LCD Soundsystem. She was an essential piece for a sound that made a mark in a whole generation. A sound that was born in the offices of DFA Records, a community of artists that grew as a solid production team and record label.  She invited us home, showed us around her neighborhood and we had the chance to talk a little bit about her experience with LCD and working with James Murphy, her projects and ideas about music.

 

How long have you lived in NYC?

I’ve been here for about 18 years now.

Had you played music before coming to live to NY?

I knew a little bit about music but I had never played before, except from early piano lessons.

Are you interested in classical music?

Yes, I really like it but I don’t see myself as an artist driven by a classical background or influence. I don’t think too analytically about music, I am more interested in the pop factor in culture.

How did you start with LCD?

I met James Murphy at a party in the late 90s and we just got to be friends. In New York there was stuff starting to happen again, and everywhere we went we would run into each other, so we hung out a lot. And I worked a couple of blocks away from the DFA office; there wasn’t a label then, really. They had a studio and people hanging out and doing stuff.

A creative environment…

Right.

And how did it all start for the band, which was the starting point?

Well, he made a couple of songs. He put out a 12-inch (Losing My Edge b/w Beat Connection) and made some other songs to make an album. And the 12-inch did really well, so he was invited to play at a party and he asked me and other people to join him.

It was James’ idea basically. And the idea was to play just five shows, from time to time, just for fun…but the thing really grew and become our lives.

Had you played music live before that?

No. Just piano.

How was the experience?

It was terrifying; I had terrible stage fright but I got used to it.

We started practicing at the office, we did that for a long time and after that we would only practice before touring.

You have toured all over the world. What are some of your favorite places so far?

I think Glasgow is the best place to play, best venue, best crowd. I like playing in Paris…and Japan. I love going to Japan but the crowd is kind of weird. It’s really polite. (laughs)

Have you worked in other projects?

Yes, I made a record with Juan McLean…we toured and we are working on some stuff right now. And I have done a lot of guest collaborations with other bands. Mostly DFA bands…I have been Djing a lot lately as well.

Have you always been interested in electronic, synth-oriented sounds?

Kind of. I listened to a lot of new wave. Depeche Mode was like the second 45 I ever bought!

I saw an interview online where James Murphy said that if LCD was a movie he would be the “Scorsese” and the musicians would be the “De Niros”. I know this was a kind of joke but would you agree with that?

Yes, that makes sense. although he is a director who acts in his own movies. (laughs)

Do you think that pop music (or at least the one worth listening to) has to have an amount of antagonism?

I think all pop music has a lot of antagonism, but I don’t think that it necessarily needs it.

Do you conceive techno music connected purely to the club scene?

It seems to be expanding. It’s like hip hop music nowadays tends to sound like trance.

How do you feel about the end of LCD Soundsystem?

I miss playing. I don’t miss touring, but I miss touring with people, making music together…I kind of accepted that it’s over and I think it was what it was, and that it was a good idea to put it to an end. It was part of the evolution in a way.

 

Blues y desastre. (Esperando a Irene)

Suenan los primeros acordes de Midnight Hour Blues por Leroy Carr y la habitación se inyecta de un humo que suspende lo real y se me antoja como iluminado por una austera vela que oscurece y simplifica el mundo. Lo convierte en una micro esfera barroca rodando en la gramola de los acontecimientos, irrepetible pero en eterno retorno. Es el blues de la medianoche, de la hora mágica, el gozne entre mundos que ha fabricado mitos y literatura en el pliegue místico del tiempo, de la hora que no es. El momento en que la conciencia se desdobla, por el sueño o por la soledad existencial de un mundo sin luz o acaso iluminado por los neones y leds, palabras de luz, palabras imagen que nos siguen fascinando

El blues es la música de quienes se les ha arrebatado todo pero aun así tienen el poder de estar por encima de las circunstancias. Plagas, huracanes, inundaciones, enfermedad, traición, pobreza, esclavitud y muerte son temas recurrentes del blues. Libre de la espiritualización religiosa del gospel, el blues es esencialmente profano, una expresión individual ante el desastre. El blues no necesita explicación alguna, religiosa, política o moral, ni denuncia culpables. Si la persona es víctima de lo injusto del mundo, la voz, el aliento vital está por encima de todo ello. Una voz que grita sin queja, acompañando a la guitarra o al piano sobre ritmos que hacen temblar al cuerpo con unas vibraciones primitivas, anteriores a toda civilización. No hace falta saber tocar un instrumento para tocar un blues, no hace falta saber cantar para cantar un blues, solo hay que hacer sonar el cuerpo con esas vibraciones para entender que todo lo que existe es transitorio y que pasará.

Atrapados por circunstancias en las que nos sabemos conscientemente traicionados, engañados por la organización interesada del mundo o por la desgracia de las catástrofes naturales, el blues reduce el coeficiente de necesidad a prácticamente cero. Una vida sin miedo a la pérdida o con medios para integrarla en la fábula de nuestra existencia puede ser el arma más poderosa para combatir el desastre.

El blues no tiene autor, tiene intérprete (it’s the singer, not the song), algo lo suficientemente radical como para desmontar uno de los pilares básicos de nuestra cultura actual, el derecho de autor. Se sabe que antes de que existieran equipos de grabación, antes de que la industria discográfica se hubiera siquiera concebido, había intérpretes de blues, guitarristas, cantantes, bandas capaces de interpretar una canción, chasqueando los dedos, tocando las palmas, soplando una botella de whisky… Las letras son siempre adaptaciones de textos populares que el oportunismo de las discográficas llevó a registrar pero cuya potencial variación es ilimitada. En realidad uno sólo puede ser autor de sus propios actos, de su propia interpretación, de la puesta en acto del texto, jamás del texto en sí. Esa puesta en acto, el estilo, es la forma de hacer sonar al mundo; algo tan inaprensible como la propia presencia. Así, Midnight hour blues de Carr es tan distinto de Midnight blues de Bessie Smith como dos mundos, que se oscurecen por el mismo sol pero están separados por millones de años luz.

Ahora no es medianoche pero el cielo se oscurece como si lo fuera, con la uniforme placa de nubes que precede a la llegada del huracán Irene. El desastre acecha pero desde la aparente seguridad de un hogar recogido y abastecido de velas y provisiones me siento excitado por la inmanencia de un fenómeno que rearticula nuestra lógica de necesidad y nuestro orden de prioridades. En perspectiva no hay nada más que mis circunstancias y un tiempo en bruto que se mueve a la velocidad de un huracán.

Calles desoladas y últimos rayos de sol – Sobre “Street” de James Nares

Publicado originalmente en SalonKritik

“And all the nobody people, and all the somebody people / I never thought I’d need so many people”. D. Bowie

Siempre resulta emocionante escuchar 5 years de David Bowie recorriendo las calles de un mundo al que le quedan 5 años de vida. En la letra, el cantante realiza un travelling por las calles, tratando de capturar todo lo que puede, para que no se le olvide; tanto que su cerebro-almacén le duele.

Hay algo en la película Street* de James Nares que trata de capturar, de un modo similar, el espíritu de un momento epocal. Nares filma las calles de Nueva York a 780 imágenes por segundo (cuando el cine tradicional lo hace a 24) con una cámara que tiene el significativo nombre de Phantom Flex. Gracias a una cámara lenta en perfecta definición contemplamos la producción de gestos de los paseantes que resultan sumamente significantes. Gestos habituales como secarse el sudor o mirar al cielo se cargan de significado, adquieren una expresión enigmática del pathos similar a la que poseen grandes escenas figurativas de la historia del arte. Se trata de un tableau vivantreal; el retrato en movimiento de los habitantes de una ciudad como fantasmas que hablan al futuro a través del mismo procedimiento con el que ciertas fotografías del pasado nos tocan en lo más íntimo y nos reclaman como testigos -siempre en diferido- de lo real.

Caminar por las calles de cualquier gran metrópolis ha dejado o está dejando de ser una experiencia de paseo y experiencia colectiva. La figura ya de por sí alienada del flâneur, ha dado paso a la del caminante que se ha de desplazar lo más rápidamente posible a su lugar de trabajo o de ocio para no perder más tiempo del necesario. Como bien saben los hipsters, las áreas “paseables”, dotadas del encanto artístico propio del espacio vital de una juventud que tiene la necesidad natural de expresarse, se han desplazado a la periferia. Lo que queda en el centro es solo un frío, aunque extremadamente conveniente, “no lugar” donde turistas y funcionarios coexisten en armonía. Pese a ello y aun a sabiendas de que habitamos un espacio prestado y planificado nos gusta identificarnos con las marcas técnicas del presente. Al fin y al cabo son indicios y rastros –hay algo de instinto de cazador en el modo que identificamos el tipo de pavimento, la forma de un billete de metro, los letreros luminosos de los comercios, las huellas de la ingeniería propias de cada urbe, huellas que otorgan un carácter a una determinada forma de civilización. Nos sabemos pasajeros pero aun así queremos durar en el tiempo, sabernos testigos de una época en permanente evanescencia, guiada por intensidades irrepetibles, por la amalgama de las identidades que la habitan en un momento dado.

Curiosamente, encuentro una dialéctica similar, de algún modo nostálgica, entre el Street de Nares y el videoclip creado por Tony Oursler de la reciente canción de Bowie: “Where are we now?” , acerca de aquellas tardes en Berlin, “walking the dead”, paseando a los muertos, en esas calles saturadas de desaparición. Calles que después de guerras y destrucción mantienen los mismos trazados aunque los edificios hayan cambiado por completo, al igual que sus caminantes y los motivos que los hacían recorrerlas.

* En The Metropolitan Museum of Art hasta el 27 de mayo

Diario de Woodstock

Yo enfrente de Big Pink. Fotografía de Leila Jacue

Yo enfrente de Big Pink. Fotografía de Leila Jacue

Publicado originalmente en SalonKritik

“En el bosque hay caminos, por lo general medio ocultos por la maleza, que cesan bruscamente en lo no hollado. Es a estos caminos a los que se llama ‘Caminos de Bosque’. Cada uno de ellos sigue un trazado diferente, pero siempre dentro del mismo bosque. Muchas veces parece como si fueran iguales, pero es una mera apariencia. Los leñadores y los guardabosques conocen los caminos. Ellos saben lo que significa encontrarse en un camino que se pierde en el bosque”. (Martin Heidegger, ‘Caminos de Bosque’).

 

Conducimos despacio atravesando el bosque. Carreteras secundarias peinan la montaña creando un laberinto sellado desde el cielo por las copas de los árboles. Tanta madera proporciona un tipo de silencio seco al que apetece abrirse. Cabañas abandonadas o en reparación a lo largo del camino, algunas con algún coche aparcado en la puerta y quizás una canoa en el remolque.

Nos paramos en una casa al pie de un estanque de agua enrojecida por residuos minerales. Hay un pequeño muelle y sobre éste hay posada una grulla, muy quieta. Me siento como un intruso, un turista que soy en un tiempo que no es el mío. Leila me dice que no es eso, que estamos en una realidad paralela que transcurre al mismo tiempo que la vorágine tecno-industrial de la ciudad. Pero los dos coincidimos en que el tiempo aquí tiene más presencia. Cuando nos acercamos, la grulla vuela hacia un árbol cruzando el lago. Esa imagen tiene más peso en mi memoria que miles de personas atravesando Times Square en toda una mañana. “Lo and behold”, “Mira y verás”, decía el Antiguo Testamento.

No es casualidad que algunas de las canciones más influyentes de la historia de la música popular fueran compuestas y grabadas en ese mismo bosque, muy cerca de ahí, a menos de un kilómetro en una casa que se conoce como Big Pink, escondida tras los árboles, al final de lo que ahora es un camino privado. Music from Big Pink de The Band y las Basement Tapes de Dylan (con the Band) fueron producidas en ese entorno que conserva todavía un aire prehistórico que resiste a ser reemplazado.

El bosque es un lugar poderoso y eso se puede sentir su doble carácter, a la vez acogedor y amenazante. Hay que ser viejo para vivir en el bosque, no físicamente sino espiritualmente; sólo un espíritu viejo, que ha abandonado las tentativas y ejecuta con pulso firme las tareas esenciales del ser, puede vivir en el bosque. Todos los caminos parecen iguales, solamente los leñadores y el guardabosques saben distinguir cuáles conducen a una carretera principal y cuáles se pierden en rutas circulares que no llevan a ningún sitio. “Odds and ends, odds and ends, lost time is not found again”. El tiempo perdido no se encuentra otra vez. Tengo miedo de que una parte de mi se haya quedado en ese bosque y tenga que volver a recuperarla algún día, cuando sea guardabosques.

Cuando escucho las grabaciones de Big Pink siento cómo parte de la sabiduría del bosque habla a través de ellas. Letras espesas y llenas de figuras del discurso que, como criaturas salvajes, crean un tiempo propio que nos hace sentirnos -aunque hablemos la lengua- extraños en el lenguaje. Patrones rítmicos que poseen una cadencia respiratoria, lenta pero incesante; la conquista siempre temporal de un territorio que refleja la potencia pulmonar de la tierra. Y estribillos que terminan con aullidos colectivos: el bosque es un lugar para aullar. Aullidos que no son de desesperación, como el Howl de Ginsberg sino ejercicios de medición de distancia y reconocimiento animal en un mundo salvaje.

Seguimos la ruta y alcanzamos una ruta principal que nos lleva al pueblo de Woodstock al que ni siquiera entramos. Demasiada romería y turismo revivalista en un pueblo en el que en realidad nunca sucedió nada, el renombrado festival tuvo lugar en Bethel, a 70 kilómetros de allí, sólo el nombre lo convierte en lugar de peregrinación. La realidad es que fue en el bosque donde se creó la música y donde algún día se vivió en un clima de libertad radical y comunidad creativa que confluyó en aquél festival. Quizás ahora también siga produciéndose música increíble, en algún camino que se pierde en el bosque.
Post scriptum

Leo en el periódico que 10.000 hectáreas de monte y bosque arden en la provincia de León y pienso en cómo se pierde, una vez más, otro espacio para la producción de sentido en un mundo con piel cauterizada, que sangra por dentro.

El miedo hacia un cambio ideológico

Publicado originalmente en SalonKritik

Hablar de Nueva York no equivale a hablar de Estados Unidos y desde luego no es quizás el punto de referencia acerca de cómo se ve afectado este país por la crisis económica, pero sí es la referencia fundamental del modelo de producción neoliberal americano que sitúa a cualquier potencial económico en un mismo campo de juego. Como en todo ejercicio lúdico, quien tiene más experiencia juega con ventaja y quien es capaz de trabajar en equipo de la manera más óptima gana el partido. Pero hay otras tácticas que son claves como la planificación a largo plazo, establecer una formación específica para cada foco de producción o desarrollar una red fiable de contactos.

Si abrimos el NY Times vemos que las noticias que aparecen en primera plana tienen casi siempre un sesgo económico práctico relativo al pago de impuestos, la bolsa o los límites de gasto cumplidos o no por los partidos políticos. Casi nunca vemos cómo la polémica sobre un posible caso de corrupción ocupa repetidas jornadas la primera plana de los periódicos, tal vez porque saben que la corrupción no es una cuestión de partidos sino de personas y que, al margen de que la ley actúe con todo su peso judicial, el público no va a encontrar en esas noticias información alguna que le ayude a estar simplemente informado de cómo puede desarrollar su vida con mayor eficacia y prosperidad o fomentar una conciencia política que le mantenga “al día” y le dé voz a la hora de activar cambios oportunos en los modelos de gobierno.

Por ahora en España la única voz que poseen los ciudadanos es estadística, basada en encuestas globales que hacen oscilar las expectativas políticas muy a corto plazo. La prensa por lo tanto tiene el poder de balancear la opinión a su antojo con noticias que nunca dan medios para conocer sino medios para opinar acerca de cuestiones que, sin dejar de ser importantes (El caso Gürtel, la Ley Sinde, la mala gestión de la crisis…), no activan los cambios políticos de un modo directo sino de un modo espectral, como el mero índice de opinión con el que cuentan los políticos a la hora de hacer sus cábalas electorales y que utilizarán una y otra vez como elemento de poder fantasma.

En la misma línea nos preguntamos, sin tener respuesta convincente, por qué en España hay tantos estudiantes cualificados en el paro. Quizá la respuesta sea otra pregunta, ¿cualificados para qué? ¿Existen o se generan los trabajos para todos esos profesionales que salen cada año de la Universidad? ¿Son realmente profesionales o más bien proto-profesionales a la espera de que se genere un puesto de trabajo en el que puedan encajar? Constatamos como la formación es muy a menudo solo una cuestión de baremo, de corte, que excluye por ejemplo a los no licenciados sin importar en qué están realmente preparados. Pensemos seriamente cuánta gente que ha aprobado una oposición tiene estudios universitarios relativos a su trabajo y si no es la oposición en sí la formación específica que les prepara para el futuro trabajo, ¿no debería ser al revés?

En los Estados Unidos hay una desprotección social si se quiere de los ciudadanos pero sí que existe una protección de sus derechos profesionales, cada ciudadano es una empresa que debe de gestionar inteligentemente sus recursos y capacidades si quiere tener la mínima oportunidad de éxito. Es quizá un modelo duro pero prácticamente garantiza que quien trabaja duramente consiga prosperar. No solamente a la hora de aprobar un examen sino en todo momento; no se puede bajar nunca la guardia a riesgo de que puedas perder tu puesto de trabajo. Parece lógico que –con una flexibilidad razonable- uno dé el 100% cuando trabaja del mismo modo que da el 100% cuando no tiene que trabajar.

El mundo está cambiando de un modo drástico, tal vez a peor, pero eso es sólo una cuestión de perspectiva. Lo que es cierto es que fenómenos como la polémica sobre la Ley sobre la propiedad intelectual anticipan nuevos modelos de producción y de consumo a los que España no se está sabiendo adaptar o lo hace de un modo extremadamente lento. La protección de los derechos sociales está muy bien pero no a costa de toda posibilidad de evolución. El desarrollo de modelos alternativos de producción pero también de disfrute es una tarea ineludible que países como España tendrán que hacer frente cuanto antes si no quieren (si no queremos) llegar a supuestos mucho más dramáticos que nos parecen aún lejanos pero son posibles, todo es posible. Tal vez se acabó el tiempo de la siesta y las incontables paraditas para tomar el café o fumar el cigarrillo, placeres sencillos y muy respetables pero que sencillamente son incompatibles con la productividad y quizás contraproducentes para nuestros modos de organización del tiempo. Puede que la calidad de vida deje de ser un bien que heredamos para convertirse en algo que tenemos que conquistar con trabajo duro. Es hora de un afrontar el cambio ideológico, de abrazar sin miedo el futuro que ya está aquí (Auserón dixit) y no hay quien lo pare.