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El fantasma de James Lee Byars

–Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?
–La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.
–Iré a verlo inmediatamente.

Borges. El Aleph

De todas las piezas de la exposición “James Lee Byars: 1/2 an Autobiography”* en el MoMA PS1 de Nueva York la que nos resulta mas enigmática es El fantasma de James Lee Byars [1], que consiste en una sala completamente oscura que el espectador ha de atravesar, cruzar hasta que adivine la salida en el extremo opuesto. En toda la sala nada hay que ver, ningún sonido o ningún elemento perceptivo compone la pieza. Aun a sabiendas de que estamos en el espacio vigilado de un Museo nos resistimos a entrar; el instinto nos advierte de los peligro de la oscuridad absoluta y nuestra primera reacción es la de retroceder, huir. Una vez dentro buscamos, casi desesperadamente la brecha, cualquier rastro de luz, la apertura hacia algún tipo de “afuera”. Lo oscuro nos produce claustrofobia y casi no podemos creer en la promesa de un lugar iluminado al otro lado. ¿Por qué nos da miedo un espacio tan sumamente controlado y asistido como es la sala de un museo de arte contemporáneo? Obviamente se trata del miedo a la oscuridad; un miedo infantil común pero que se basa en razonamientos quizá más complejos y relativos a la esencia del ser. Nos aterra la incertidumbre de lo oscuro, la carencia radical de todo tipo de límites, a saber, y principalmente, el límite de nuestro propio cuerpo. En lo oscuro es donde nuestros pensamientos y sensaciones se deslocalizan, parecen hacerse imagen y abandonarnos. Es entonces la luz algo parecido a una mano (divina) que los contiene, el tapón que cierra el desagüe de nuestra conciencia.

En primer lugar la luz es aquello que nos define como forma, nos separa del resto de las cosas y nos da un efecto de identidad; pero además la luz es lo que nos permite “apropiarnos de las cosas con la mirada” [2]. Este principio de visibilidad como modo de asegurar la presencia es algo que Heidegger describía como principio de composición del ser. En la oscuridad nuestros límites se hacen indiscernibles de las imágenes que contenemos y nuestras sensaciones se confunden, el sentir se convierte en una experiencia de simultaneidad e incluso perdemos el sentido del tiempo. La incertidumbre que produce la deslocalización de las sensaciones resulta aterradora; tememos perdernos en lo abstracto, tal vez para siempre.

“La luz (phos), en todas partes donde este arké manda y comienza el discurso y da la iniciativa en general (phos, phainesthai, phantasma, así pues espectro, etc.) tanto en el discurso filosófico como en el discurso de una revelación (Offenbarung) —o de la revelabilidad (Offenbarkeit)—, de una posibilidad más originaria de manifestación.” Jacques Derrida [3]

Es bien sabido que la oscuridad es el lugar de los fantasmas y de los espectros, formas de luz descompuestas, con límites indefinidos, fugados. Los espectros como escribe Derrida son la promesa de una revelación. Si los espectros nos espantan es porque no estamos preparados para asimilar el significado de dicha revelación. La que nos quiere llevar con ellos o quizá recordarnos que somos más que una pura forma.

“La condición previa de la imagen es la vista, decía Janouch a Kafka. Y Kafka, sonriendo, respondía: ‘Fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos’” [4]

Ante lo aterrador cerramos los ojos casi con la misma voluntad de un obturador (el ojo ES un obturador) [5]. Basta con cerrar los ojos o abandonar un espacio para que los objetos desaparezcan y lo único que nos queda de ellos es la frágil e inestable imagen del recuerdo. Recuerdos que nos asaltarán quizá a medianoche, la hora de los fantasmas que es también la hora del sueño.

La noche es lo que más se acerca a una oscuridad total, nunca cerrada del todo, siempre con las estrellas, muchas veces ya extinguidas pero cuya luz permanece visible – ¡acaso no son las estrellas sino espectros! “Imaginad un universo poblado de todas las presencias de lo que ha sido expandiéndose, como las estrellas mismas, hacia los confines más remotos del universo” [6] escribe José Luis Brea. La inefable y misteriosa noche, es entonces ese espacio poblado de presencias, casi eclipsadas por la cercana luna, esa brecha que, casi brutalmente trazada por encima de nuestra mirada, nos advierte del “imposible silencio de la representación.” [7]

Para Henri Michaux la noche era El telón de los sueños. La apertura de un universo donde todas las presencias coexisten [8]. Durante la noche nos resulta completamente natural soñar. Cuando estamos soñando habitamos más allá de nosotros mismos, en un estado alfa en el que abandonamos la conciencia y olvidamos los límites del cuerpo, con los sentidos “retardados” por la blandura y suavidad de las sabanas, los colchones y almohadas. Protegidos dentro de este espacio acolchado, opaco, en el que nos insertamos cada noche, nuestra conciencia es una cámara que registra en velocidad B los espectros que la actividad neuronal y los estímulos nerviosos “proyectan”. Una filmación, insisto, en velocidad B, con el obturador plenamente abierto, sin cortes o interrupciones conscientes, dejando entrar y salir las imágenes sin orden, espacio o tiempo premeditado. Acaso sea el sueño el momento en el que “ la luz borra sus huellas; invisible, hace visible; garantiza el conocimiento directo y asegura la presencia plena” como nos recuerda Maurice Blanchot.[9] Pero quizá sea esa otra de nuestras maldiciones del arte [10], la de nunca poder capturar esa experiencia. Por eso el relato de los sueños es siempre decepcionantemente impreciso o carente de la emoción de la presencia. Y por eso tan a menudo no hay registro alguno: el despertar nos ofrece una imagen velada; nada consciente que recordar, tan solo la certeza de que algo tuvo lugar, una experiencia intensificada que podemos aun sentir en la laxitud de nuestros nervios.

Quizá ninguna experiencia directa pueda ser expresada sin perder gran parte de intensidad en la traducción del verbo y de su necesario trazo. Estamos condenados a convivir con lo indirecto, que es el lenguaje, y es esa nuestra cadena, la cadena de la palabra que hemos de recorrer en su trazado o en su lectura, la que arrastramos en nuestro morar por el mundo. Y esto es lo que nos puede dar la clave para leer de un modo indirecto El fantasma de James Lee Byars y descubrir como no debemos tal vez de buscar a su fantasma en la oscuridad de la sala sino en el propio título, en la frase que nombra la pieza, que leemos antes de entrar en la sala y que, de un modo primitivo, da existencia a esa gran nada, esa oscuridad que hemos de atravesar para salir a la luz del sentido, y que es tal vez una perfecta alegoría de la palabra.

Publicado en SalonKritik
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* Esta exposición se inauguró -en una primera edición- a finales del 2013 en la apertura del nuevo museo de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo. Curada por Peter Eleey y Magalí Arriola. [N. de la E]
Notas

[1] The Ghost of James Lee Byars es una de las piezas seminales del artista y fue instalada por primera vez en Düsseldorf en 1969
[2]”Ereignen significa asir con los ojos, esto es divisar, llamar con la mirada, apropiar”. Heidegger, Identidad y diferencia.
[3] Jacques Derrida, Fe y Saber.
[4] Roland Barthes, La cámara Lucida.
[5] Conviene aquí recordar la magnífica pieza “Blinks” de Vito Acconci.
[6] Jose Luis Brea, “Idea de claridad” http://salonkritik.net/10-11/2012/05/idea_de_la_claridad_jose_luis.php
[7] Ibíd.
[8] Henri Michaux, Maneras de dormido, maneras de despierto.
[9] Maurice Blanchot, Nietzsche y la escritura fragmentaria.

La última Bienal del viejo Whitney

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Texto publicado originalmente en SalonKritik

¿Qué es el arte contemporáneo estadounidense hoy?*

Debido al extenso trabajo de desmontaje de la Bienal del Whitney Museum de Nueva York existe la tradición de mantener abierta una de las plantas de la exposición, durante una semana más después de su clausura, que fue el pasado 25 de mayo.

Por casualidad coincidí en el ascensor con un grupo de ayudantes de desmontaje y no pude dejar de ver en ese hecho algo simbólico extrapolable al futuro del propio edificio del Whitney[1] que, a partir del próximo año, será trasladado a un nuevo espacio más moderno situado junto al parque High Line de Nueva York. Cuando el ascensor se detuvo en las aún operativas salas de tercer piso, pregunté a un encargado la razón para haber “salvado” ese piso en particular y él me respondió que normalmente se elige aquella planta que ha sido más popular durante toda la Bienal.

Como casi siempre, lo popular no es sinónimo de lo mejor y, en efecto, uno tiene la sensación de estar más bien en una de las exposiciones colectivas de primer año de Bellas Artes. Llena a más no poder de objetos que revelan personalidades extremadamente diferentes (eclécticas diría alguno) y recursos que van desde la saturación kitch de los massmedia (a la manera de Mike Kelley pero siguiendo una metodología tan obvia como ineficiente) a manierismos preciosistas que parecen provenientes de un taller de manualidades de jubilados de algún ayuntamiento de provincias (a los que respeto sobremanera, solo que no esperaba verlos en el Whitney!) todo ello junto a cosas tan dispares como el Abecedario de Deleuze en la instalación audiovisual de Semiotext(e) – un tanto viejuna, usando esos monitores que se empleaban antiguamente para exponer el video arte, como para dotarlo de una cierta “objetualidad”. El Abecedario está disponible en Internet hace mucho tiempo, traducido a numerosos idiomas ¿¡necesitamos verlo en un museo!?

Por otra parte, ¿por qué continúan exponiéndose las publicaciones como si éstas fueran arte visual, en lugar de animar la lectura y la difusión en su propio medio editorial específico? Entre todo ello -en el medio de cualquier itinerario posible- nos encontramos con remedos de Beuys, de Duchamp, de Rauschenberg… como dirían aquí: “you name it”. A pesar de las explicaciones del encargado, me siento inclinado a pensar que la razón de mantener abierta aquella planta era simplemente porque la consideraron la que tenía más “contenido artístico” por metro cuadrado, además de ser la más recorrida.

Otro espacio que se encuentra igualmente saturado de “contenido” como es el caso de Facebook, aunque supuestamente cuenta con la ventaja de que nosotros somos los “editores” o “comisarios”, lo cual no garantiza en absoluto la calidad de lo que ahí se vierte, a veces nos ofrece la oportunidad de leer comentarios sugerentes. Por ejemplo, Francesc Torres, que en este momento también se encuentra en Nueva York escribe: “He ido a ver la Bienal del Whitney. Algo debe estar pasando que explique por qué no pasa nada”… La expresión resulta interesante ya que expresa algo que se viene sintiendo cada vez más a menudo en las grandes exposiciones de arte contemporáneo.

La Bienal del Whitney tal vez no sea el lugar en el que se pueda encontrar una explicación a lo que está pasando en el mundo del arte hoy, quizás tampoco pretenda ser muestra de los movimientos de la época [2], pero ¿ entonces en dónde buscar? Tal vez estamos inmersos en un momento del arte en el que no existe escena ni movimiento alguno que ofrezca una mirada o un panorama más o menos abarcador de nuestra época. Un ejemplo es que después de haber hablado con artistas y agentes culturales que viven en Brooklyn muchos me han transmitido que la llamada “escena artística de Brooklyn” en realidad no es una escena, sino más bien una red, una asociación temporal que intenta beneficiar a los individuos, a facilitarles su trabajo o simplemente dotarles de herramientas para seguir en activo. No se sabe muy bien si es un problema de los artistas, de los comisarios o tal vez de la falta de críticos y teóricos. Lo más probable es que sea la suma de todas aunado a un efecto económico; acaso el contenido artístico y verdaderamente revelador de época se haya finalmente “evaporado” hacia otros ámbitos de las producciones de lujo como son la moda, la arquitectura o el cine. Sin embargo, resulta paradójico que una ciudad como Nueva York, probablemente uno de los lugares en donde viven más artistas del mundo, genere tan poco contenido artístico interesante. Quizá sea esta paradoja, la que la Bienal del Whitney del 2014, metafóricamente, finalmente ha acertado en expresar.
* Con esta pregunta inicia el texto de presentación de la Bienal. [N de la E]

[1] http://whitney.org/About/NewBuilding
[2]También en Facebook, Juan Carlos Roman Redondo, comparte una estadística reveladora sobre los artistas seleccionados en la Bienal del Whitney: Un 48,6% por encima de los 50 años, y un 20, 25% supera los 65 años.
[3] He escogido la imagen del cuadro de Ed Ruscha porque despues de ver la Bienal me acerqué a Gagosian a “gozar” con la fantástica selección de grabados y fotografías de Ruscha.

La inocencia perdida

La inocencia perdida. Una lectura de Palo Alto

Palo Alto de Gia Coppola adapta al cine las historias cortas del libro homónimo de James Franco, relatos contemporáneos del ambiente de chicos y chicas bien de Palo Alto, California. Para ello quizás se inspire en la cadencia narrativa de su tía Sofía pero su mirada va más atrás y busca referentes en la forma de filmar y presentar los acontecimientos de clásicos como American Graffiti, La última película o Rebeldes sin Causa. Historias de jóvenes que en su proceso de crecimiento necesitan espacio, existir fuera de la mirada social ya que muchas veces de un modo inconsciente están realizando un experimento peligroso. Sus cuerpos, sus emociones, son armas que pueden herir a cualquiera que se ponga en su camino. Por eso buscan refugio en los lugares más recónditos, en los descampados, en los aparcamientos periféricos; es ahí donde se generan las historias y se toma el pulso que determina sus destinos.

De algún modo esa energía incontrolable resulta incomoda para la sociedad pero a su vez se vende como referente nostálgico: aquellos días “en los que vivíamos peligrosamente”. Por esa razón, los dramas juveniles son más intemporales que las historias de los adultos, conscientemente adheridas a la época. Aun más, algunos de los mejores narradores de novelas de la literatura americana son jóvenes: El guardian entre el centeno, Las aventuras de Huckelberry Finn, El Gran Gatsby, Matar un ruiseñor… No importa en qué época se viva, un joven siempre es un joven y su única perspectiva es el aquí y ahora, y los modos de gestionar su deseo inmediato. Los cuerpos adolescentes son máquinas de escribir literatura; ollas a presión, donde se cuecen los clichés de la cultura popular, de los estereotipos y los modelos paternos o fraternales, de la idiosincrasia de una región o de un país…

Hay jóvenes que son capaces de dejar aflorar los efluvios, de vivir en la superficie, de exteriorizar las mutaciones salvajes del cuerpo y del espíritu. Otros, los más sensibles, afectados por el dolor que produce un estado de (des)ajuste permanente, viven pequeños dramas poéticos que se componen y conectan los unos con los otros a cada instante. Los mas tímidos, casi niños de Asperger, se ven aquejados de múltiples depresiones y estados de alegría repentina – flujos que escriben las más bellas historias y también a veces las más trágicas. De todas esos dramas: los embarazos adolescentes, los abusos, los suicidios, ellos son a duras penas los responsables, ¿acaso no viven en “la edad de la inocencia”?

En una secuencia de la Palo Alto Emily (Emma Roberts) le dice a Teddy (Jack Kilmer): “A ti no te importa nada verdad?”. El responde: “Ojalá no me importara nada”. Aunque parezca lo contrario, los jóvenes son casi siempre conscientes de su desajuste y de los errores que cometen pero por alguna razón no pueden hacer nada para evitarlos. Tan solo pueden sufrir por las consecuencias y anhelar desesperadamente que desaparezca el problema, o que alguien le ponga solución. Los acontecimientos más funestos muchas veces son generados por héroes locales alrededor de quienes giran los acontecimientos. Jóvenes que se lo juegan todo a una carta, que desafían a la autoridad, que ya han perdido la inocencia pero buscan un espacio de autonomía y poder conviviendo con los inocentes. Por eso la pérdida de la inocencia es siempre una toma de responsabilidad hacia un destino propio, el dejar de escribir las historias de otros: la del hermano mayor, la de la chica mas popular, la de los formidables héroes adolescentes, y empezar a escribir la propia, aunque eso signifique dejar atrás a la familia, a la ciudad donde se ha crecido y a toda una idea de seguridad que nunca será indefinida.

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Gore Vidal: Los Estados Unidos de Amnesia

Nicholas Wrathall by Leila Jacue

Nicholas Wrathall by Leila Jacue

Gore Vidal fue una verdadera rara avis en el panorama sociopolítico y cultural estadounidense, nacido en una cuna de políticos muy cercanos a las grandes familias demócratas: Gore, Eisenhower, Kennedy…, aunque con una posición siempre muy crítica y liberal, más cercano a los postulados de los primeros americanos y sus ideales de independencia y libertad individual.

Hombre de extremada sensibilidad y de una inteligencia precoz, fue autor de novelas y libros históricos así como de adaptaciones literarias en producciones de Hollywood donde fue capaz de ganarse la vida y desarrollar sus magníficas habilidades sociales. El éxito de su carrera como escritor le dio una visibilidad y una presencia mediática que le convirtió en un “habitual” de los programas de debate televisivos en los que fue capaz de exponer las contradicciones del sistema estadounidense, señalar sus errores y criticar los movimientos imperialistas de su propio país. Sin embargo, su profunda naturaleza crítica con el poder y la sangre política que corría por sus venas le llamaron a presentarse como candidato democrático para senador. Perdió por muy poco, aunque sin gastar apenas 1.000 dólares en la campaña. No obstante, siguió siendo un punto de referencia para la izquierda en Estados Unidos y un espejo implacable de todos aquellos políticos y reporteros que buscaban en él un diagnóstico o un vaticinio de los acontecimientos.

El documental sobre Gore Vidal Estados Unidos de Amnesia, presentado en el Festival de Tribeca de Nueva York (y cuya fecha de estreno en España se desconoce por el momento) hace un recorrido biográfico relatando todos estos episodios de su vida, mezclando anécdotas, material de archivo e imágenes recientes de los últimos años de su vida cuando, habiendo perdido a su compañero emocional Howard Austen, junto a quién pasó media vida, se ve obligado a vender la villa en Italia donde residían y regresar a su país, en el que quizá había perdido ya toda esperanza.

Recientemente entrevisté al director, el australiano Nicholas Wrathall, que tuvo la oportunidad de conocer y filmar a Vidal en los últimos años de su vida, hasta poco antes de su fallecimiento en 2012.

¿Cómo se ve a Gore Vidal en los EEUU contemporáneos?

Es una buena pregunta. Creo que para muchos Gore Vidal es un héroe. Especialmente para gente de izquierdas, hay muchos medios independientes y blogs que recurren a menudo al legado de Gore. Bill Maher, Democracy Now, Amy Goodman…, hay mucha gente de izquierdas que adora a Gore, sin duda. La gente de derechas quizá lo ve como un radical un poco loco, pero creo que incluso en la derecha lo respetan como escritor…, en especial su ficción histórica es muy respetada. Quizá su persona pública es demasiado radical para muchos pero ha estado en el centro de la cultura durante tanto tiempo porque conocía a tanta gente de tantas generaciones y ha escrito sobre tantas instituciones y eventos políticos que creo que ocupa un espacio bastante esencial en EEUU.

¿Es tan raro en EEUU encontrar a un intelectual conectado con la política? ¿Fue Gore Vidal único en ese sentido?

Sí, creo que es raro encontrar a alguien que es un insider en Washington DC, que creció en una familia política, conoció a presidentes y fue a la Casa Blanca y que es a la vez tan intrépido, tan crítico con esa gente y con sus motivaciones y maquinaciones. Sí, creo que es muy raro en cualquier cultura, y ahí radica una gran parte de su poder, porque ocupa una perspectiva privilegiada que no todos podemos tener.

¿Cree que de algún modo él anunció el fin de la era de lo político y el gran reinado de los medios de comunicación?

Creo que sí. Yo soy de Australia, donde hemos tenido unas elecciones hace bien poco y la situación fue patética; la derecha llegó al poder y solo tres meses después de ganar en las urnas y después de no cumplir ninguna de sus promesas su intención de voto ha bajado al 30%. El cinismo en el que vivimos no tiene precedentes. Y si piensas en Estados Unidos y cómo el dinero privado maneja las instituciones, sin duda podemos hablar del fin de la política, se trata de una era de lo corporativo.

¿Cree que hay algún sucesor hoy en día del legado de Gore Vidal?

Creo que hay interesantes periodistas y comentaristas, pero no creo que haya alguien que esté tan en el centro de la cultura como Gore, que pueda reunirse con políticos, actores o aristócratas al mismo tiempo que hacer un comentario crítico y hablar desde tan adentro de las instituciones.

Hay una expresión de una belleza terrible que emplea Gore en la película: “Cuando quiero ver cuál será el siguiente paso que va a dar EEUU tan solo tengo que mirar a mi propio corazón negro”. ¿A qué cree que se refiere con el “corazón negro” de EEUU? ¿Se trata de un corazón imperialista, dominador, violento…?

Sí, es interesante, creo que él era casi como un emperador romano que había visto los acontecimientos más importantes del siglo XX tan de cerca que eso le permitía tomar el pulso de los acontecimientos de un modo muy preciso. Creo que su propio corazón negro eran los propios EEUU, lo que EEUU podría hacer como imperio para mantener su posición dominante. Él sentía todo eso corriendo por sus venas.

Respecto al rodaje, ¿era Gore Vidal una persona diferente cuando no le estaban grabando con una cámara? ¿Cómo era fuera de cámara?

Es una buena pregunta. Sí que era un poquito diferente. Fuera de cámara se mostraba más relajado, un poco más bromista y contaba más cosas sobre su vida privada. Pero cuando estaba en cámara era muy consciente de que era una personalidad pública siguiendo una agenda, y no quería revelar su vida privada. No la negaba pero no quería dejarse arrastrar por ella. Sabía que había cosas más importantes de las que hablar en público que de las anécdotas sobre su vida personal.

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Librerías secretas y refugiados del papel.

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Las librerías están desapareciendo de Manhattan. Sí, la gran cadena Borders quebró hace un par de años ya, y Barnes and Noble subsiste tal vez por ser la única gran librería que es a la vez un centro de ocio y eventos.

Hace poco pasé por la calle 57 y vi que la librería Rizzoli estaba cerrada y unos grandes paneles de madera pintados de azul ocultaban la renovación. Una nota de agradecimiento a los clientes anunciaba el cierre. Prácticamente todos los negocios de Manhattan se enfrentan a la cruda realidad inmobiliaria. Cuando termina el contrato el nuevo precio de alquiler no resulta asumible para la mayoría y más para un objeto en crisis, el libro en papel.

Se suele atribuir esta crisis del libro a los dispositivos y la tinta digital pero la realidad es que nadie tiene tiempo para leer. Cuando hablo de leer no me refiero al hecho literal de introducir información escrita en nuestras mentes – tal vez sea ahora el momento de la historia en el que tenemos más acceso y utilizamos mas información escrita. Me refiero al hecho de adaptar nuestro tiempo al tiempo de lectura que crean los escritores, un ritmo propio, separado de la vida cotidiana, un viaje mental, que es como se describe en ocasiones a la lectura de libros.

Esa experiencia de viaje ahora se esta relegando a las producciones audiovisuales y mas concretamente a las series. Producciones como Juego de tronos, True Detective o Mad Men, son creaciones con inspiración literaria que al presentarse de un modo visual nos ahorran el esfuerzo de imaginar y nos proporcionan esa experiencia de viaje mental tan necesaria para escapar de nosotros mismos.

Siempre admiro a quienes encuentran tiempo para leer libros físicos, en un parque, en el metro, en algún banco de la calle. Les veo pasando las páginas de libros con el lomo gastado, que a veces tienen anotaciones o subrayados… y lo cierto es que parece ya algo del pasado. Aun así, y sin ser demasiado romántico al respecto – con la firme convicción de que es más importante que la cultura pueda compartirse con tanta facilidad como es posible hacerlo hoy en día con los medios digitales- de alguna manera siento que el libro electrónico no me cautiva de la misma manera que el papel. Tengo 200 libros en el Ipad, y cuando estoy leyendo uno en concreto me asalta la ansiedad al pensar que hay otros 199 a la espera de ser leídos y parece que tuviera que hacerlo antes de que desaparezcan de alguna forma. De esta manera salto de uno a otro sin terminar de leer ninguno.

Los libros en papel, sin embargo, tienen presencia. Aunque tal vez nunca los leamos todos sabemos que están ahí, en la estantería, conviviendo con nosotros, compartiendo nuestro espacio físico. Con sus palabras, conservadas en papel, que el tiempo amarilleará quizás pero cuyas páginas podremos abrir con emoción para encontrar otro tiempo. En el interior de un libro es donde el tiempo de un objeto y el tiempo de una historia otra coinciden de una manera única.

Por eso tiene sentido hoy en día la existencia de librerías secretas, como Brazenhead en Nueva York. Un espacio no solo para comprar libros sino para habitar con ellos mientras se conversa con su dueño, Michael Seidenberg. Para Seidenberg, “se trata de una batalla perdida, hemos perdido”, ahora somos todos unos refugiados. Por eso dirige una librería pirata, que es su propia casa y en la que acoge a todo aquel que busque el reconfortante refugio del papel, mientras se bebe con ellos un vaso de whisky, por ejemplo. Llegar ahí es fácil, su nombre está en el libro de la guía telefónica. Pero también puede resultar difícil, se da la paradoja de que casi nadie hoy en día posee una. Aun no he saltado ese obstáculo mental, hacerme con una guía telefónica, buscar su nombre y llamarle. Aun no me he considerado a mi mismo un refugiado del papel, aunque muy posiblemente lo sea.

El secuestro de Michel Houellebecq

Biografía-ficción o ficción biográfica

La película El secuestro de Michel Houellebecq (L’enlèvement de Michel Houellebecq 2014) fue estrenada en Febrero en la Berlinale y será presentada también en el festival de Tribeca. El pasado viernes asistimos a un preestreno en el Tribeca Film Center de Nueva York.

Usando el formato de falso documental el director Gillaume Nicloux cuenta una historia que complementa la obra compleja y en ocasiones polémica del autor. Michel Houellebecq es abducido, secuestrado por una panda de bandidos con buen corazón que se ven obligados a convivir con el escritor durante el tiempo que dura el secuestro a la espera de órdenes de un superior. En este periodo se establece una relación afectiva que mezcla el síndrome de Estocolmo con el descubrimiento de los placeres sencillos de la campiña francesa y el carácter honesto y no prejuicioso de sus habitantes que se encuentran felices por la compartir la intimidad de una figura literaria, de un contador de historias, de un poeta. En este contexto, liberado de presión mediática, el escritor está dispuesto a abrir su pensamiento, explicar qué le inspira a escribir  y exponer sus ideas sobre cuál es el problema de la Europa actual; a saber: el estar gobernada por un puñado de expertos y cada vez más alejada de la democracia.

Como en toda buena película francesa (y me refiero a la vertiente que conecta con la investigación teórica y se aleja de la veta de comercialidad del cine francés reciente), se puede ver una crítica política hacia una Europa que se construye cada vez más en vertical y que aleja a los ciudadanos de la naturaleza – en la película se pone como ejemplo metafórico el urbanismo vertical, deshumanizado y en cierta medida totalitario de Le Corbusier. Además, podemos identificar en el filme una crítica del intelectual como cómplice de las élites tecnócratas y una sutil ruptura del misticismo o el aura intocable que rodea a la figura del escritor para mostrarlo como un ser imperfecto, esencialmente vacío, que se alimenta de las vidas de otros. En este sentido la película se presenta como una ficción biográfica o tal vez una biografía ficcional. Según cuenta Houellebecq en la película, su obra no esta basada en su vida personal sino más bien en los relatos de las personas que le rodean. El escritor no está necesariamente obligado a vivir los acontecimientos sobre los que escribe sino que ha de ser un buen oyente, alguien que sabe escuchar, extraer las historias de las personas y conectarlas en un relato.

Al contrario de muchos otros escritores que mitifican los espacios cotidianos que habitan, Michel Houellebecq tiene una pulsión hacia lo exótico, elementos que lo alejan de su rutina en Paris. Ha escrito sobre vidas otras y modos de socialización que parecen extremos para la mayor parte de los lectores, pero no necesariamente hablan sobre él. Houellebecq usa la ficción para escapar de la biografía y la biografía para construir una  ficción. Una estrategia que incluso en su más reciente y brillante obra El mapa y el territorio lleva al extremo relatando su propia muerte.

La película resulta un poquito repetitiva en ocasiones pero los actores hacen un excelente papel, en especial el propio Michel Houellebecq que, si bien con una apariencia deteriorada, fumador empedernido y que abusa del alcohol (hábitos tal vez exagerados para la película), resulta encantador y con un apetito por la vida que supera el aparente vacío existencial de su vida y de su trabajo. Como el propio director escribe: “Espero revelar a un escritor que es sensible, divertido, dotado de un ingenio cáustico, lleno de dudas, ingenuo, antipático, ansioso, inteligente y enamorado, el tipo de hombre que no esperaríamos conocer”.

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Impresiones de una ciudad

David García Casado por Leila Jacue

David García Casado por Leila Jacue

Los espacios en los que vivimos dejan una impresión sobre nosotros. Hay algo en el transcurrir diario de las imágenes y sus repeticiones, de las formas pero también de su ausencia, de sus vacíos. Nos adaptamos a éstos, los llenamos con sombras del espíritu que definen nuestro carácter, que lo contornean con un misterioso esfumado; una suerte de aura que más que verse se puede sentir. Un aura fría, heladora.

Por alguna razón algunas fotografías son capaces de captar estas formas en las que el espíritu se agarra al tiempo como un propio negativo del mismo. Quizá sea eso a lo que Barthes se refiere con el punctum y sea así como algunas fotografías nos retratan, pinchando lo real, amarrándonos como podemos a un tiempo que sabemos que desaparecerá. Es la fotografía en esos casos un documento insuperable de la lucha permanente contra el tiempo que marca nuestros rostros y al que mordemos con el carácter de lo que quiere perdurar a toda costa.

Hay lugares en los que la perdurabilidad adquiere el carácter de combate. Tal vez el mundo sea hoy en día un lugar general de combate, de lucha desesperada para no colarnos por el desagüe de este fondo oceánico de imágenes. No lo sé, quizás en general, la mayor parte de las veces, prefiramos dejarnos deslizar suavemente, entregarnos al scroll infinito de la pantalla. Pero puede que sea en cualquiera de estas acciones donde se manifieste el carácter así como nuestras formas de abandono o resistencia; ambas velocidades diferentes para un mismo destino fugaz, blanco, sin imagen. Luz cegadora que se cuela por el gran obturador cósmico, revelándonos en cada instante.

 

Nueva York. Entrevista

Fotografía del autor

Fotografía del autor

Bruno Marcos.-En uno de tus textos escribes que Nueva York vive “bajo la amenaza de ser expulsada del sueño dinámico del futuro.” Esto me ha hecho recordar una de las percepciones que yo tuve de esa ciudad, que era una de las ciudades modernas más viejas del mundo. ¿Notas que esté cansada de esa tensión con el futuro?

David García Casado.- Es vieja en el sentido de que ha vivido más tiempo colectivo que otras ciudades modernas, un tiempo no lineal sino hecho de temporalidades simultáneas. Pese que a veces nos dé la sensación de cansancio, la capacidad de recuperación de la ciudad es asombrosa. Piensa en Sandy, fue terrible y ya no se habla de ello, pero inconscientemente ha creado una nota mental en los neoyorkinos sobre el riesgo de futuras inundaciones, lo que ineludiblemente revaloriza las zonas de riesgo y pone en acción mecanismos que contrarrestan esta caída de valor, y aquí es donde el futuro y la tecnología entran en juego como grandes niveladores de valor.

B.M.-Quizá la novedad del siglo XXI respecto a la Nueva York paradigmática es que sea susceptible de padecer catástrofes. Los atentados de las torres gemelas como un agujero por el que la ficción más dramática y fantástica se coló a la realidad y, hace poco, el huracán Sandy, que, como dices, ensaya una vuelta al pasado imposible. Parece que la ciudad jugase el papel de escenario de acontecimientos, un laboratorio del tiempo entre pasado, presente y futuro. Esa reelaboración postcatastrófica no crees que pueda tener que ver con una dinámica, digamos, bursátil de los acontecimientos. Y por otro lado la zona cero, donde estaba el World Trade Center parece paralizada.

D.G.C.-Por un lado Nueva York es el corazón de la civilización occidental lo que la convierte en objetivo y por otro lado, que en realidad es consecuencia, aquí viven millones de personas de todas partes del mundo; cualquier catástrofe tiene más resonancia que si sucediera en otro lugar. Tal vez no es algo “justo” pero es así. Como simple ejemplo: estando de visita recientemente en España veíamos constantemente en el telediario imágenes de “olas de frío” en la ciudad que en paises del Norte de Europa son habituales en Invierno, y aquí también lo son… Pero sucede en Nueva York y eso lo convierte en noticia. Pero sí, los dispositivos de recuperación de Manhattan, están muy ligados a la industria financiera y bursátil, que no puede permitirse parar. Wall Street es la principal fuente de riqueza, es la cúspide de la pirámide bajo la cual se disponen múltiples economías escalonadas que se conectan con y trabajan para los más ricos. Es cierto que la zona cero tuvo problemas de reconstrucción y se ve como un sitio paralizado pero toda la industria financiera y bursátil se ha extendido hacia otras zonas colindantes. Una vez que terminen las obras y la llamada “Freedom Tower” esté finalizada, mucha acción volverá a esa localización, aunque ya haya dejado de ser el foco que era antes ya que la ciudad ha pasado a ser multifocal.

B.M.-Es interesante lo que acabas de relacionar, personas de todo el mundo conviviendo en una ciudad y cada cosa que ocurre en ella es noticia mundial. Actúa como Imago Mundi, representa a la Humanidad. ¿Cómo puede haber logrado ese estatus simbólico?¿Tendrán algo que ver en ello las artes, la literatura, el cine?

D.G.C.- Sí, precísamente, es una representación de la Humanidad, de lo mejor y lo peor cruzándose en los largos pasillos que son las calles y las avenidas, todos sincronizados a un mismo ritmo y todos parte de un flujo que se distribuye pero que regresa a la ciudad. Es un complejo mecanismo en el que un leve ajuste marca una gran diferencia, por eso nada mejor que un ingeniero para dirigirla, como el actual alcalde. Pienso su relación con las artes, la literatura y el cine lo es en dos direcciones. La multitud de microhistorias de la ciudad son una gran inspiración para las artes y las artes otorgan un carácter mítico a los lugares donde suceden las historias. Son autenticos lugares de peregrinación, especialmente esos sitios que vemos en tantas películas y que nos fascinan, por muy comerciales que sean, ya que son parte de nuestra memoria. Tienen tal poder de convicción porque son parte nuestra; no son diferentes a los recuerdos de nuestra primera bicicleta, o de nuestra habitación de la infancia por poner un ejemplo. Están ahí, en el origen de nuestra memoria como lugares familiares.

B.M.-¿Cómo son esas microhistorias?¿Se puede penetrar en ellas? Porque más allá de lo cinematográfico mucha gente percibe una ciudad fría y materialista.

D.G.C.-Son historias de supervivencia, de mantener un estilo de vida, de permitirse vivir en esta ciudad que te ofrece todo lo que materialmente, pero también emocionalmente, puedes desear. Eso no la hace fría sino brutalmente honesta.

B.M.- ¿Existen zonas de efervescencia cultural o estados de ánimo especiales respecto a las artes o la música o la literatura?

D.G.C.- Brooklyn experimenta un boom en cuanto a proliferación de estudios de artista y energía creativa que se hace patente también en establecimientos y herramientas de comunidad alternativas. Bushwick -en Brooklyn- es una zona que está ebulliendo y a la vez “gentrificándose” -palabro spanglish que describe como lo alternativo funciona como dotación de valor sobre diferentes áreas urbanas poniéndolas de moda, lo que las hace más caras y al final las vuelve meramente comerciales. Eso no las hace poco disfrutables pero sí tal vez más superficiales. En general respecto a las artes, la música y la literatura, detecto una falta de pasión, de intención tal vez, al igual que en Europa, creo. Tal vez el gran vacío teórico, su falta de dirección e intención, sea lo que hace que todas las manifestaciones artísticas parezcan deslavazadas. ¿Qué piensas tú?

B.M.- Sí, también percibo ese apagón de la ilusión por todos sitios. Yo creo que en España tiene que ver con el final de la puesta a punto de la modernización del país en todos los aspectos. Estamos apresados en el esquema mental de la transición sin saber por qué no damos el paso siguiente. No entiendo muy bien por qué puede ocurrir también en Nueva York, si tal vez tenga que ver con el crecimiento económico. Precisamente parece que ahora los que crecen son los países latinoamericanos.¿Qué papel juegan los latinoamericanos en Nueva York?

D.G.C.- Creo que es un problema de la civilización occidental en general y su falta de renovación filosófica. La filosofía sigue siendo pertinente hoy más que nunca para desarrollar aplicaciones y respuestas conceptuales a problemas que se quedan en las vías filosóficamente muertas de la religión y de la ciencia. Los países latinoamericanos están creciendo y espero que lo hagan mucho más, puede ser una luz que ilumine todas esas derivas aparentemente sin solución. El papel de los latinoamericanos en Nueva York es muy relevante y el futuro de los latinos en Estados Unidos como nueva fuerza social es cada vez más evidente. Tal vez echo de menos voces críticas e internacionalistas dentro de la comunidad latina que ayuden a combatir los estereotipos y den a conocer las complejidades y diferencias de la cultura latinoamericana.

B.M.-¿Qué hay de los tipos humanos? El mundo de Woody Allen, Friends, Sexo en Nueva York, Auster…

D.G.C.-Como discutíamos antes, el cine y las series han tenido un papel importante en la mitificacion de la ciudad. Incluso existen visitas guiadas por todos esos lugares de la pantalla. La ciudad conoce este potencial y hay un proyecto oficial llamado Made in NY, que produce series y películas filmadas aquí. Es la mejor publicidad. En mi opinion las producciones actuales que mejor reflejan las realidades de la ciudad y su posición como punto de convergencia y emergencia son How to make it in America y Girls. Una cosa que siempre me llama la atención de Ny es que realmente es como la pintan, o acaso nosotros hayamos sido entrenados para verla así

B.M.- ¿Qué haces, por dónde te mueves, vas al teatro, a galerías, a locales de música, das conciertos…?

D.G.C.-Vamos mucho a museos, a conferencias, a ver conciertos y también a eventos de moda. A galerías cada vez menos. He tocado recientemente en Zebulon, un lugar emblemático de Brooklyn que desafortunadamente ha cerrado el mes pasado por vencimiento de contrato. Es un problema habitual aquí, los lugares de siempre que desaparecen por no poder afrontar las exorbitantes subidas del alquiler. Pero Me siento afortunado de haber tenido la oportunidad de pisar su escenario.

B.M.-¿Es fácil poner en marcha un proyecto, una empresa?

D.G.C.-Eso ya entra dentro del esquema general del país. Como es sabido en Estados Unidos es más fácil crear una empresa, lo puedes hacer incluso por internet! Lo dificil es insertarla en los procesos comerciales, darle visibilidad y accesibilidad; y dada la alta competencia, la calidad del producto o servicio debe de ser máxima y estar siempre actualizándose.

B.M.-¿Cómo es allí la imagen de España y la crisis, el movimiento de los indignados?

D.G.C.-Me gustaría ir más alla de los indignados, hasta un punto desde el que recuperar la dignidad. Una cosa que me llamó la atención de nuestro último viaje a España fueron los paseantes, silenciosos y dignos como un pueblo tranquilo que recorre los espacios y las eventualidades con aplomo y gentileza. Creo que es ahí donde hay que mantenerse, con la certeza de que ese tempo nos define y nos diferencia. Es tal vez hora de reclamarlo como modelo y ejemplo de presencia, todo lo demás pasará.

1…0 Cinema

Originalmente en Art on the tracks
En ocasiones el ritmo de la ciudad pulveriza tus pensamientos por eso muchas veces decido voluntariamente pausar mi propio ritmo, fingiendo que sigo la corriente para no parecer un iluminado. Me parece algo mucho más realista que pretender poner freno a lo que me rodea, tarea que se me antoja tan peligrosa como intentar ralentizar con la mano la hoja de una sierra eléctrica.
Pienso en todas las personas con las que me cruzo y las veo como fotogramas en movimiento. Como cuando de la oscuridad exterior de un vagón del metro surge otro que transcurre a la misma velocidad por una vía paralela y adivinamos a ver el rostro de una persona que nos mira pero desde un más allá casi cinematográfico. Durante un instante el protagonista mira a cámara y nos preguntamos, con cierta inquietud, si realmente nos ha podido ver. Es quizá entonces el momento de actuar, de abandonar el papel de espectador, de comenzar a producir ficción.

Música, interpretación y territorio.

Publicado en Salon Kritik

El libro de David Byrne How Music Works [1], publicado el año pasado, sigue siendo un bestseller en las librerías mas conocidas de Nueva York. Reeditado y revisado es un manual de referencia imprescindible para comprender el pasado y presente de la música culta y popular. En el libro explica cómo música y tecnología han ido de la mano definiendo espacios acústicos y protocolos que se han reproducido temporal y espacialmente. Hay un componente esencial de imitación entre instrumentos, estilos y épocas que es lo que favorece la evolución de las formas musicales. En cierto sentido se podría decir que la música es una máquina del tiempo: refiere siempre a otros tiempos y espacios en los que fue grabada o a los instrumentos con los que fue interpretada.

Según Byrne si un intérprete, en una actuación en directo, intenta adecuar su sonido al espacio queriendo agradar a las personas que le escuchan en ese instante, el resultado será una burda rendición a la audiencia. Por otro lado si se aísla del público entrando en trance y concentrándose en la interpretación, por mucho que se esfuerce, no conseguirá sino una versión imperfecta y limitada de lo que podría alcanzar en un estudio o un lugar privado con más tiempo y la tecnología adecuada. ¿Cuál es entonces el punto intermedio donde intérprete, canción y audiencia se encuentran para producir los grandes conciertos de nuestras vidas, experiencias memorables que permanecen grabadas en nosotros con la misma o mayor intensidad que otros eventos personales inolvidables?

En un texto que debería de un ser referente para todo aspirante a crítico musical, “El espíritu de la música” [2], José Luis Brea pregunta acerca de la gran tarea del intérprete: “¿Cómo extirparse a uno mismo, todas las adherencias con que el propio ruido -el que el existir hace- ensucia la ejecución?”

Un intérprete por excelencia, Bob Dylan, en la entrevista que realizó para la revista Rolling Stone el año pasado [3], dice que la interpretación musical no tiene nada que ver con la experiencia personal del cantante o músico: “un intérprete, si hace lo que se supone que debe de hacer, no siente ninguna emoción en absoluto. Es una especie de alquimia que tiene”. Dylan, aburrido de todos esos fans y críticos musicales que se afanan por atisbar notas personales en sus letras y canciones o su manera de tocar en directo, aclara que para él hacer música no tiene nada que ver con el cantante ni con sus emociones personales; lo que un artista tiene que conseguir es hacer que la gente sienta sus propias emociones.

Es cierto, cuando asistimos a un concierto queremos escuchar canciones que, tal como las conocemos, fueron grabadas, en espacios y tiempos otros, con otros instrumentos, tal vez tocadas por otros músicos y, sin embargo, queremos que nos traigan unas emociones únicas que sean nuestras y que constituyan nuestro presente. Escuchar música es traer un tiempo otro al presente, actualizarlo, hacerlo nuestro, hacer de la canción la única voz capaz de articular nuestras emociones. La escucha de una canción, nuestra canción, es un gesto brutal de realización del mundo, de un presente sobre el que nuestro espíritu explota como destino, que “te hace sentir que no cabes en tí, que deberías habitar más lugar”, escribe José Luis Brea, “Toda la infinitud de músicas que puebla la memoria, todas las horas de todos los días, de todas las vidas en cada vida, toda la saturación de los minutos, acompañados por la música, siempre la música sonando, los años sucesivos. No el sedimento del gusto -qué importa el gusto- sino el acumularse de las arquitecturas del pensamiento, la tensión de la biografía.”[4]

Tal vez no hay diferencia esencial alguna entre la emoción que siente un joven escuchando a la Velvet Underground y otro tweerkeando con un tema de Miley Cyrus. Pero entre ellas sí hay una diferente arquitectura del pensamiento, que escribía Brea, y tal vez también una diferente apelación a lo que Deleuze llamaba el ritornello. “El ritornello para mi está absolutamente ligado al problema del territorio y a los procesos de entrada o salida de un territorio que llevan al problema de la desterritorialización.” [5]

En el consumo o uso de los artefactos culturales existe en una apropiación o desapropiación del territorio. Es por esto que, y aunque el ejemplo sea una generalización, el adolescente que escucha a Miley busca hacerse un hueco en un territorio cultural dominante y sin embargo el que escucha Sister Ray de The Velvet Underground –y su cuidada elaboración del ruido- quiere por el contrario neutralizar el territorio, quiere borrarlo, demostrar que no pertenece a nadie. Podríamos decir de este modo que la máxima No Future del Punk era menos un canto suicida que una voluntad de abandonar el territorio de las formas culturales hegemónicas, es decir, usando el término de Deleuze-Guattari: de efectuar una desterritorialización. Maurizio Lazzarato explica bien este efecto práctico del ritornello en su texto La máquina: “Hay en el ritornello, en la relación consigo, en la producción de subjetividad, la posibilidad de ejecutar el acontecimiento; existe la posibilidad de sustraerse a la producción serializada y estandarizada de la subjetividad. Pero esta posibilidad ha de ser construida. Los posibles han de ser creados [7]. Es éste el sentido del ‘paradigma estético’ de Guattari: construir los dispositivos políticos, económicos y estéticos en los que tal mutación existencial pueda ser experimentada. Una política de la experimentación y no de la representación.”

Si bien existe un elemento pasivo, de consumidor, en las diversas formas de entrada y salida de un territorio, en el momento en que nos convertimos en creadores estamos expresando la voluntad de experimentar con los territorios. “El acto creativo es, en primer lugar, un agenciamiento de territorios vitales” [8] y ese agenciamiento es una creación de plataformas, de aglomeraciones, de ritornellos o estribillos [9] que construyen planos de comunicación volátil, rendida al tiempo. Quizá esté ahí el verdadero potencial transformador de las formas musicales, en el ofrecer herramientas a la experiencia para que nos permita realizar un vaciado consciente de una realidad inaceptable y rendirnos a la eventualidad radical del instante que, como aguja sobre vinilo, hace sonar nuestra experiencia.
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Notas

[1] https://store.mcsweeneys.net/products/how-music-works
[2] José Luis Brea, “El espíritu de la música”, http://www.accpar.org/numero2/musica.htm
[3] http://www.rollingstone.com/music/news/bob-dylan-unleashed-a-wild-ride-on-his-new-lp-and-striking-back-at-critics-20120927?page=6
[4] José Luis Brea, op cit.
[5] (Gilles Deleuze, Abecedaire).http://www.youtube.com/watch?v=8pQDtmswmJo
[6] http://eipcp.net/transversal/1106/lazzarato/es
[7] Cursivas mías.
[8] Gilles Deleuze. Qué es el acto de creación. http://www.youtube.com/watch?v=dXOzcexu7Ks
[9] En términos musicales generales, un ritornello es la repetición de una sección o fragmento de una obra. En inglés se usa el término refrain, que significa estribillo.