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El futuro de la representación

Brendan Fowler, May 2009

Brendan Fowler, May 2009

Publicado en Salon Kritik

“La pasión causada por lo grande y lo sublime […] es el Asombro; y el asombro es ese estado del alma en el cual todos sus movimientos se suspenden, con un cierto grado de horror. En este caso la mente está tan completamente llena con su objeto que no puede considerar a ningún otro.” Edmund Burke, Sobre lo sublime.

“Lo sublime no se encuentra ya en el arte sino en la especulación del arte.” Jean-François Lyotard, Lo Sublime y la Vanguardia.

¿Qué es la representación hoy en día? ¿Cuál es el futuro de las formas en las que nos representamos y qué papel juega el arte en ellas? Peguntas que tal vez muchos desde el ámbito artístico estemos haciéndonos día tras día, como si estuviéramos inmersos en el estado final – enervante – de un mal sueño del que no somos capaces de despertar. Una estadística reciente dice que se suben 350 millones de imágenes CADA DIA a Facebook. Si a eso añadimos el resto de las llamadas “plataformas”, los números son espeluznantes. Como artistas estoy seguro que todos llegamos a menudo a la conclusión de: ¿para qué producir más imágenes? ¿Son éstas, en cualquier caso, representación de algo hoy en día? Probablemente de nosotros mismos ya no.

El sujeto ha sido representado en todas sus facetas, capacidades y potencial para producir lo mejor y lo peor de la experiencia. Santo, demonio, bufón, víctima o verdugo, el sujeto no parece ya problema esencial de las formas de representación. Pero, por costumbre quizá, seguimos queriendo representar el mundo, para que se adapte finalmente a nosotros, para que nuestra fatal imperfección se ajuste a formas que limpien nuestra conciencia en un espejo idealizado en el que nos queremos reflejar. Formas de las que quizá no se puede decir ya que son bellas, pero sí todavía sublimes, o más bien sublimadas por las industrias del entretenimiento.

El artista contemporáneo se resiste a producir imágenes que acomoden la imperfección del sujeto. Quiere producir, por otro lado, modelos de pensamiento, nuevas concepciones del mundo donde lo bello ha perdido su aura pero lo sublime sigue siendo el gimmick, el truco. Releyendo a Burke y su concepción de lo sublime, el miedo a la muerte sigue siendo el gran motor del arte que genera formas de salvación imaginarias, artefactos que alivian la fatal perspectiva de la desaparición total del mundo. Una perspectiva mucho más terrible cuando se presenta como el abandono de uno que no fuimos capaces de hacer compatible con nuestra naturaleza. Un mundo absolutamente politizado (en el peor sentido) y corrupto, dominado por industrias audiovisuales que hacen suyas las formas del placer y del horror que genera la humanidad para procesarlas como productos aptos y representaciones posibles de un mundo que, tal como está diseñado, jamás casará con nuestra realidad, por mucho que pongamos empeño.

La idea de que el arte prolifera en tiempos de crisis es una ficción romántica alimentada por sueños de la vanguardia europea y de la postguerra; modelos creativos de supervivencia si se quiere. Las energías creativas de supervivencia se han convertido en conductores por los que el dinero pasa pero no se queda. Son puras agencias de sublimación. Por eso, como escribe Lyotard, lo sublime no está en el arte sino en la especulación del arte (ese espejo en el que buscamos reflejarnos y encontrar la verdad). El dinero es el ámbito de lo sublime; quizá siempre lo estuvo pero nunca fue visible de un modo tan desnudo, tan obvio. El dinero equivale a lo sublime en cada contexto cultural específico. Arquitectura, tecnología, mundo del arte, son ámbitos donde el dinero y lo sublime (y lo real) coinciden como estrategia y objetivo. Solo lo que produce y es producido con dinero subsiste y se establece como objetivo, lugar hegemónico, representación. El arte sólo tiene cabida como representación extrema del dinero y de una imagen que haga desaparecer o haga que pasen a un segundo plano, aunque sea momentáneamente, esos millones de imágenes a nuestro alrededor.

El dinero no va a desaparecer, pero si lo hiciera seguro que el hombre volvería a hacer un arte que equivaliera al dinero. Wampumspostmodernos, arte de tiempo, especialización, dedicación y preciosismo. Pero no es ése el camino que queremos para el arte, sino su opuesto, el que indica que ahí no está el valor -en el objeto artístico- sino en la experiencia de su creación. El gran reto entonces para el arte –y en general para lo social- es averiguar si hay una alternativa viable a la imagen y al dinero como formas de representación y producción de subjetividad -y encontrarla, antes de que el tiempo y la experiencia dejen de tener algún valor.

La educación del des-artista

Sobre el libro “La educación del des-artista” de Allan Kaprow. Ardora 2007.Edición de Armando Montesinos y David García Casado. Extracto de la presentación del libro, publicado en e-limbo

Parece pues muy apropiado ahondar en los aspectos pedagógicos de este proceso a través de una “educación de des-artistas”, de artistas que no necesitan de esa categoría en absoluto para establecer relaciones de intercambio artístico, es decir, relaciones que cuestionen o rediseñen radicalmente los modos que tenemos de utilizar las imágenes y signos que nos rodean, actualizándolos.

Kaprow siempre insistió en el mantenimiento de una tendencia experimental hacia la vida. Para Kaprow el verdadero artista debería de indicar la fuente energética o simbólica en la que se basa su trabajo compartiéndola, si esa es su voluntad,  asumiendo las consecuencias espacio temporales- y por tanto de experiencia- de la misma, y no sintetizándola en forma de producto inocuo en una “obra de arte,” lista para ser incluida en la exposición de una galería o museo, o cualquier otro formato institucional. El arte contemporáneo, en su respuesta intermedial, diría Kaprow “no puede esperar por la nueva arquitectura” que habría de adaptarse a sus formatos.

La actividad artística se desarrolla en un “campo expandido” (por citar la conocida expresión de Rosalind Krauss) que comprende diferentes plataformas de publicación, no necesariamente vinculadas a un campo cultural específico. Por poner un ejemplo que viene al caso, el precioso libro de Eva Lootz que presenta también Ardora,  es una obra de arte (puesto que ella es una artista) presentada en formato libro a través de una editorial. Pero, ¿es literatura, ensayo… o se trata quizás de eso que llaman –de un modo bastante absurdo- un “libro de artista”)?  Siendo sensatos, ¿qué importancia tiene su denominación? Las obras de arte no son unidades estéticas listas para ser consumidas y clasificadas en géneros o estilos.
Un individuo que desarrolla un proceso activo de conocimiento crea sus propios mapas,  sus propios hitos (que pueden coincidir con los que afectan en un momento dado a una colectividad o no) y genera respuestas estéticas que pueden ser llamados o no arte.
Pero eso no es realmente importante, lo importante es que reflejen un uso activo de una educación simbólica recibida y que planteen, quizás, nuevas formas de abordar las experiencias: de mirada, de lectura de códigos, de escucha, o las formas híbridas de la experiencia, que son la mayor parte de ellas.

Estas respuestas, que, como ya hemos mencionado, Kaprow llamaba intermediales, no necesitan la etiqueta ARTE, es más según él los objetos que poseen tal denominación contienen –y le cito textualmente- “hábitos altamente sofisticados”. El objetivo de tales respuestas no es alcanzar un grado se sofisticación tal que los eleve como forma de arte sino, lo que es mucho más importante, ser útiles por ofrecer medios para el conocimiento de los procesos de experiencia; o si no por ofrecer medios, simplemente por mostrar indicios certeros del curso de los acontecimientos. Tal vez sea esto lo que lleva a Kaprow a afirmar ya en 1970 en “La educación del desartista”:

Que el módulo lunar LM es patentemente superior a cualquier otro esfuerzo escultórico contemporáneo;

Que la retransmisión del intercambio verbal entre el Houston y los astronautas del Apollo 11 fue más interesante que cualquier forma de poesía contemporánea;

Que ciertas grabaciones por control remoto de las vidas de familias que viven en guetos, filmadas (bajo su autorización) por antropólogos, son más fascinantes que los “fragmentos de realidad” tan alabados por las películas underground.

etc. etc.

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Influencia española en el barrio más antiguo de California

Misión San Juan de Capistrano. Foto de Leila Jacue

Misión San Juan de Capistrano. Foto de Leila Jacue

También publicado en InfoLibre

Para un español viviendo en Nueva York, viajar en California supone un extraño encuentro con lugares, nombres, costumbres y climas sumamente familiares. Todo el mundo reconoce la influencia hispana en la costa Oeste pero ésta es asociada principalmente a su proximidad con Méjico. Lo que encontramos en realidad es la extraña mezcla producida por la adaptación y fusión de los españoles en la Baja California con el entorno mejicano e indígena y cómo todos ellos empujaron costumbres y religión siguiendo el corredor occidental de los Estados Unidos. Un proceso de colonización en el que las misiones tuvieron en la región un papel fundamental introduciendo las formas de civilización sur europeas, la religión y la lengua obviamente pero también las formas de cultivo, la arquitectura y las estructuras de gobierno.

Frailes españoles como Junípero Serra fueron de gran importancia integrando de un modo relativamente pacífico las costumbres europeas con las formas de vida y técnicas de los pueblos indígenas que se avinieron con los misioneros, creando una interesante mezcla que quizá hoy en día sea difícil de separar y de asociar a un lugar en concreto. Se trata de un complejo mestizaje que se llamó “californio” y que integró a los descendientes de españoles, mejicanos y nativos de la región y que llevan apellidos de origen español como los Pico, Sepúlveda, Verdugo… hoy nombres de emblemáticos bulevares de Los Ángeles y San Diego.

Cerca de San Diego se encuentra uno de los primeros asentamientos misioneros que Fray Junípero puso en funcionamiento en sur de California: San Juan de Capistrano. Un pueblo que es conocido destino turístico en la región porque allí se conserva y se mantiene viva la historia más antigua de una región tan relativamente reciente como lo es el oeste americano. Visitamos la misión, reconvertida en un museo, que consiste en una propiedad donde los frailes y unos pocos soldados vivían, cultivando las tierras, predicando y oficiando servicios religiosos. Una comunidad apacible en torno a la cual se desarrollaría todo un pueblo. En ese mismo asentamiento se introdujeron los primeros cultivos de la llamada “uva misión” que se consideran el origen de la cultura vitivinícola que luego se extendería a la alta California.

No muy lejos de ahí a pié, cruzando las vías del tren que viaja desde San Diego a Los Ángeles, encontramos la calle Los Ríos, un barrio residencial histórico considerado el más antiguo de toda California y en la cual se sitúa la villa llamada Adobe Los Ríos; la primera residencia que data de 1794 y que fue construida por Santiago Ríos, un soldado que llegó de España en 1780 para trabajar como soldado en la misión. Se trata de una pequeña vivienda de cuatro dormitorios, sala de estar, cocina y baño hecha de adobe donde hoy por hoy sigue viviendo uno de sus descendientes, nueve generaciones después.  Justo al lado, en la misma calle encontramos Adobe Montañez, casa que a mediados del siglo 19 habitó otra leyenda del lugar, Doña Polonia Montañez, matrona de la comunidad y ayuda espiritual en tiempos difíciles.

Por alguna razón se siente en ese lugar, en esa misma calle, una calma que no encontramos en ninguna otra parte, como si el emplazamiento hubiera escapado de la violencia de la historia para constituirse un ejemplo de comunidad tan profundamente arraigado y valioso como para que una misma familia permanezca en la misma casa durante nueve generaciones, las golondrinas sigan retornando cada año y la vida prosiga de un modo no muy distinto a como lo hacía en el siglo XIX. Pero lo que resulta más fascinante es que en una época donde la nacionalidad y la identidad parecen ser cuestiones de vital importancia, estas personas representan y defienden modelos de identidad propios, no vinculados a naciones sino al territorio que desarrollaron y crearon juntos y a las comunidades que los mantienen vivos, generación tras generación.

REFERENCIAS:

http://www.sanjuancapistrano.net/los_rios/los_rios.html

http://articles.latimes.com/1991-07-13/home/hm-2009_1_living-museum

http://www.csusmhistory.org/delca011/home-2/polonia-montanez-sanjuancapistrano/

 

Entrevista a Oriol Maspons

Publicado originalmente en Tunica en inglés y traducida al español en Infolibre

Oriol Maspons . Self Portrait

Esta entrevista se realizó sólo unas semanas antes de que Oriol Maspons falleciera. DEP

En un antiguo autorretrato suyo, usted aparece junto con su espléndida colección de equipo fotográfico dentro de un dolmen o sepultura prehistórica. Visto ahora me parece un ejercicio muy irónico sobre la desaparición de las antiguas técnicas e instrumentos ante el surgimiento de la era digital de la imagen. Me gustaría saber cuál es su lectura hoy y si recuerda el motivo de esta fotografía. 
Esa foto era un Christmas que le envié a un amigo y fue tomada en Gerona, en un viejo dolmen funerario. La hice con mi amigo Julio Ubiña.

Parece inevitable preguntarle por la tecnología digital. He leído en una entrevista que odia las cámaras digitales, ¿sigue pensando de la misma manera? ¿Cuál es para usted la diferencia esencial entre el uso de ambas tecnologías?

No uso cámaras digitales, nunca lo he hecho. Las cámaras analógicas siempre han funcionado bien para mi. Básicamente estoy desconectado con esta nueva tecnología porque surgió tarde en mi carrera. La única cámara digital que he tenido me la quitó mi hijo para usarla él (risas).

Tengo entendido que usted ha trabajado principalmente por encargo, ¿es correcto? ¿Tomaba o toma ahora también fotografías “fuera del trabajo”? ¿Qué era lo que más le llamaba la atención como fotógrafo entonces y ahora?
Solo me pagaban las fotos publicadas, lo cual era muy común y probablemente también ahora lo sea. Por eso, consciente e inconscientemente mis colegas y yo creamos imágenes con el propósito de verlas impresas en los medios. En este aspecto no hay mucha división para un fotoperiodista, estamos alerta en todo momento por si surge una imagen que pueda formar parte de nuestro trabajo.

¿Cree usted que una buena fotografía debe de impactar o sugerir, o las dos cosas?
Para mi una buena foto tiene que informar al espectador. Darle un tipo de información que sea nueva en un cierto modo. También, dependiendo del encargo, buscas un efecto u otro.

Normalmente cuando se piensa en fotografía documental, con la voluntad de reflejar la realidad, se piensa en imágenes en blanco y negro. ¿Por qué cree usted que el blanco y negro nos parece más real? 
Sinceramente creo que es porque estamos acostumbrados a ello. Es parte de la memoria colectiva ya que tantos grandes fotoperiodistas han trabajado en blanco y negro.

¿Para hacer fotografía documental hay que pasar desapercibido o hacerse notar?
Creo que la mayor parte de las veces es mejor pasar desapercibido (risas).

Hoy en día ciertas obras fotográficas alcanzan precios muy altos y se comercializan bajo tiradas muy limitadas. ¿Qué piensa sobre esta fetichización de las copias?
Esto es un resultado de la tendencia del mercado del arte para equilibrar la multiplicación de las imágenes (y por tanto su devaluación) con la unicidad de la pintura. Es un modo de equilibrar el valor y seguir vendiendo arte.

Nueva York, donde resido, es una ciudad que parece estar hecha para ser fotografiada. ¿Piensa usted que hay ciudades más interesantes para hacer fotos o quizá se trate más de las personas que viven en los lugares y que son reflejo de sus formas de vida? 
Nueva York es una ciudad fascinante que me encanta, es una de mis ciudades favoritas. La energía de la gente que vive allí crea una atmósfera única. Es también muy importante la herencia creativa de los lugares. No es sólo la ciudad la que crea la energía sino también el influjo cultural y la historia de los lugares y como se ha apoyado la cultura.

¿Puede hablar un poco sobre la vida cultural que usted vivió en las metrópolis de los años sesenta y setenta: Barcelona, París, Roma, Nueva York…?
En esos días la vida creativa de esas metrópolis estaba interconectada. Todos nos conocíamos y trabajábamos en proyectos juntos, a veces por ser amigos. Por ejemplo podías ver a Antonioni venir a mi casa y pedirme que le hiciera unas fotos para algo, y yo lo hacía.

En mi época muchos fotógrafos simplemente no podían permitirse ser directores de cine, así que teníamos que especializarnos en fotografía y hacer toda una película en un solo disparo (risas).

¿En qué está trabajando ahora?
Uno de mis últimos proyectos es una exposición antológica, comisariaza por David Balsells, que está a cargo de mi archivo fotográfico (en el MNAC, el Museu Nacional d’Art de Catalunya) con la colaboración de Elsa Peretti.

Oriol Maspons (English)

Publicado originalmente en Tunica

This interview was made just weeks away before Oriol Maspon’s passed away on August 12th, 2013. RIP 

– In an old self-portrait you pose together with an amazing collection of photographic cameras inside of a dolmen, a prehistoric tomb. Looking at it right now it seems to me like a very ironic instant about the disappearance of old analogical techniques. I’d love to hear what the original purpose for that picture was.

 That picture was a Christmas card I sent to a friend and it was taken in Gerona, Spain in an old burial dolmen. I did it with my partner Julio Ubiña

-It seems unavoidable to ask you about digital photography. I read in an interview that you “hate” digital cameras. Do you still think the same way?

I don’t use digital cameras and I never have. Like they say, if it’s not broken, don’t fix it. Analogical cameras always have worked well for me. Basically I am disconnected with this new technology because it came late in my life. The only digital camera I owned my son took it from me (laughs)

– I have heard that you have mostly worked per assignment, is that right? Do you also take pictures other than the commissioned ones?

I was paid for only for published Pictures, which was very common and probably still is. So, consciously and unconsciously me and my colleagues created images with the purpose of seeing them printed in the media. In that regard there is not such a division for a photojournalist, we are at all times alert to images that can be used and constitute our work.

– Do you think that a good picture should shock the viewer or suggest?

For me a good picture has to inform the viewer. Give them a sort of information that is new in a certain way. Also, depending on the assignment you look for one effect or another.

– Usually when you think about photojournalism, you think in Black and White photography. Why do you think Black and White pictures look in a way more “real” to us.

Honestly, I think it’s just because we are used to that. It’s part of the collective memory since so many great photojournalist have worked in black and white. Perhaps because it is easier to develop…

– To be a photojournalist is it better to be unnoticed or to make yourself visible?

Well, I think most times it’s better to be unnoticed (laughs)

– Nowadays some photographic prints reach very high prices in the market. What do you think of this commoditization of the copies?

This is a result of a tendency in the art market to balance the natural possible multiplication (and hence the devaluation) of the image as opposed to the uniqueness of painting. It is a way to balance the value and keep selling art.

New York, where I live, is a city which seems to be made for being photographed. Do you think some cities are more interesting  for taking Pictures, or it’s more the people who live in the places who make them more interesting to take pictures?

New York is a fascinating city that I love, one of my favorite cities. The energy of the people who live there create an unique atmosphere. It is also very important the creative heritage of the places. It is not the city itself what creates the energy but the cultural influx and history which can support creativity in the right environment.

– Can you speak a little bit about the cultural life you lived in the metropolises of the 60’s and 70’s: Barcelona, Paris, Rome, New York…?

In those days the creative life in these metropolises was interconnected. We all knew each other and collaborated in projects together, sometimes out of friendship. For example you would see Antonioni walking into my house and asking me to take some pictures.. and I would do it.

In my time many photographers simply couldn’t afford to be cinematographers, so we had to specialize in photography and make a whole movie in a single shot… (laughs)

-What are you working on right now?

One of my latest projects is an anthological exhibition at the MENAC, curated by David Balsells, who is in charge of my photography archive with the collaboration of Elsa Peretti.

Blue Jasmine, luna azul americana

Originalmente publicado en InfoLibre

Blue Jasmine en un cine de Nueva York - Fotografía de Leila Jacue

Blue Jasmine en un cine de Nueva York – Fotografía de Leila Jacue

Blue Jasmine se estrena en las salas de Nueva York con éxito de taquilla. Se dice que Woody Allen es más popular en Europa que en Estados Unidos -al menos en general – pero esta ciudad siempre recibe con interés las películas del autor, especialmente cuando la acción tiene lugar, aunque en este caso lo sea parcialmente, en la propia Nueva York.Allen ofrece a menudo un retrato subjetivo de algunas de las miles de facetas y posibles líneas vitales que la ciudad produce.Un reflejo cultural que los neoyorquinos buscan en el cine y en las obras de arte que al fin y al cabo es una demostración de que la cultura es capaz de proyectar hacia el futuro y de proyectarnos como ciudadanos de una sociedad progresista y abierta.

Nueva York para Allen siempre constituyó un ejemplo de coexistencia de culturas y generaciones, de lo nuevo y de lo viejo y de lo profundamente absurdo, y por eso cómico, de todo ese roce de temporalidades que coexisten en el trazado limitado pero con infinitas combinaciones de Manhattan. En el caso de Blue Jasmine no está claro que el reflejo que devuelve la película a los espectadores sea una optimista idealización de las contradicciones de la ciudad que el mundo necesita para convertirla en modelo y destino por excelencia. La imagen a la que nos enfrentamos en este caso es un retrato desfigurado de una sociedad radicalmente desconectada de su sustrato social, de la retórica del lugar de las oportunidades y del mito del sueño americano.

La relación de Woody Allen con Nueva York siempre ha sido una de amor y odio, tal vez como la de cualquier habitante de la misma que se precie. Recuerdo una frase de Lou Reed en Blue in The Face(ese maravilloso retrato de Brooklyn realizado por otro clásico de la ciudad como es Paul Auster junto con Wayne Wang) en el que dice a la cámara que no conoce a nadie que no haya hablado de irse de aquí y que él mismo lleva 35 años pensando en hacerlo. Se trata de un sentimiento de fuga inminente que está instalado en todos los habitantes de la ciudad. Pero además hay algo intrínseco de esta ciudad, la adaptación necesaria a sus ritmos, distancias y polivalencias que produce una neurosis programada. Un estado de conciencia que sólo sirve para esta ciudad por lo que cualquier cambio de entorno necesariamente conlleva un desajuste y la evidencia clínica de los síntomas. Blue Jasmine representa de un modo sublime este desajuste, encarnado en esta ocasión por un miembro de la élite social cuya agenda funciona con la precisión de un reloj suizo, cargado de eventos y actividades y en el que el más leve contratiempo conlleva un inevitable desliz histérico.

La maravillosa Cate Blanchett se luce en un papel pensado prácticamente para ella, especialmente después de su interpretación de Blanche DuBoise, la protagonista de Un tranvía llamado deseo de Tennesee Williams, en la adaptación de Liv Ullmann para los teatros de Broadway. Blanchett desdobla a Blanche bajo la insuperable guía de Woody Allen para dar forma a Jasmine, un personaje que es a la vez víctima y verdugo dentro de un entorno social y familiar que representa la deriva atroz del capital financiero y de sus formas de destrucción de las conexiones equilibradas del tejido social. Al igual que la Blanche de Tennesse Williams, su altivez y pretensiones de alcanzar un ideal sustancial de riqueza, educación y cultura se ven truncados por su falta de conexión con ella misma y el camino dedicado y laborioso hacia la virtud, un camino que para ella resulta obscenamente trabajoso e indigno. Se trata sin duda de un filme político en el que Allen critica esa virtud prefabricada que gira en torno a la apariencia y posesión de objetos de lujo, características aceptadas de valor y de buen gusto pero que son usadas en ocasiones como herramientas de discriminación social, de pertenencia de clase. Para Jasmine, todo: objetos, obras de arte y personas forman parte de los bienes que le corresponden simplemente por tener el exquisito gusto para apreciarlos. Una pasión tan abstracta por lo elevado que al final deviene fantasmagoría.

En sus momentos de soledad Blue Jasmine rememora la canción Blue Moon, atrapada en la ensoñación mental de una época que nunca existió, que fue la ficción que usaron los artistas y músicos para escapar de la atroz lucha de poder que tiene lugar en el mundo, demasiado cruel como para no querer escaparse de ella. Resulta interesante ver en la película similitudes con la obra de Scott Fitzgerald y en especialmente El Gran Gatsby (muy recomendable también la revisión del clásico que ha hecho el mismo Liv Ullmann) y el retrato de una sociedad basada en el dinero como equivalente universal que encarna ficciones, como la del propio Gatsby o la de Jasmine. Vidas que son como una bonita canción, que se ha tocado un millón de veces hasta que ha formado parte de nosotros; que suena en nuestra cabeza y nos lleva dulcemente a un lugar que nunca existió en realidad.

La sonificación del cambio climático

Originalmente publicado en InfoLibre

Paul D. Miller aka Dj Spooky - Fotografía de Leila Jacue

Paul D. Miller aka Dj Spooky – Fotografía de Leila Jacue

La sonificación sonification en inglés es un neologismo que refiere a laconversión en sonido de cualquier tipo de información, transformando los datos numéricos en datos sonoros. Este nuevo enfoque de la información ha sido desarrollado por Robert Alexander, un joven doctorando en la Universidad de Michigan y colaborador con la NASA, cuya investigación diseña nuevas herramientas informáticas para interpretar la información tomada por científicos y transformarla en algo más que fríos números y gráficos. El resultado es un innovador análisis de la información que nos ofrece una presentación de los datos mucho más fresca e intuitiva.

Robert Alexander se considera a sí mismo especialista en sonificación de datos y compositor. De acuerdo con su investigación, todo tipo de información es susceptible de ser transformada en sonido; por ejemplo la información bursátil, el ritmo cardiaco, la intensidad las ondas cerebrales, la densidad de tráfico de una ciudad, etc. Una de sus más interesantes creaciones es la sonificación de los datos que la NASA posee del viento solar; las corrientes expulsadas de la atmósfera superior del sol que afectan a la tierra con tormentas geomagnéticas y las visualmente fascinantes auroras (boreal y austral).

En la actualidad la NASA posee gran cantidad de material visual proporcionado por los satélites y unidades de exploración espaciales,pero se trata casi siempre de películas mudas. Robert Alexanderinterpreta la información de las imágenes (ritmos, intensidades, velocidades) y la transforma en sonido creando una especie de “banda sonora” para estas películas. El resultado, además de espectacular, da una valiosa información sobre las repeticiones y frecuencias de los fenómenos espaciales que podemos percibir de una forma más sensorial y sin necesidad de una comparación numérica.

El innovador enfoque de Alexander ha despertado el interés de muchos científicos, como es lógico, pero también de artistas y músicos, conscientes de las posibilidades creativas y sociales de esta investigación. Recientemente ha colaborado con Paul D. Miller a.k.a. DJ Spooky that subliminal kid, un teórico de los medios, artista y compositor con el que comparte un interés mutuo en la visualización de los efectos del cambio climático y la transformación de la superficie terrestre.

Paul D. Miller a.k.a DJ Spooky ha viajado a los polos creando On Water and Ice, una exploracion audiovisual en el que la información tomada del deshielo de los glaciares ha sido sonificada para formar parte de la composición.  Antes de este proyecto sonoro, escribió y editó The Book of Ice (Powerhouse Books), un libro en el que, a modo de DJ, remezcla sus propias fotografías con ilustraciones y material de archivo para componer un manifiesto a favor de una república Antártica, liberada del dominio y explotación de las potencias mundiales que implica en última instancia una explotación de los recursos globales.

El resultado es una investigación teórica y visual -en parte histórica, en parte ensayística – en la que se examina la evolución gradual de un planeta tierra que fue en origen extremadamente caliente y sobre el que tuvieron que pasar millones de años para que se enfriase dando lugar a la vida orgánica, un proceso que la civilización está revirtiendo peligrosamente.

Recientemente DJ Spooky ha formado parte del programa de artistas en residencia del Metropolitan Museum de Nueva York en el que ha podido dar forma a su trabajo de sonificación del cambio climático con la ayuda de Robert Alexander. Como fin de su programa de residencia, ambos artistas colaboraron en una performance en el café del MET Museum en la que compartieron su investigación y los datos sonificados con la audiencia, la cual pudo compartir también los sonidos de sus teléfonos móviles y dispositivos portátiles a través de WiFi en una gran fiesta de remezclas colectivas.

 

Interview with Nancy Whang from LCD SOUNDSYSTEM

Originalmente en la revista en papel Tunica

Nancy Whang by Leila Jacue

Nancy Whang by Leila Jacue

Nancy Whang is one of the founding members of LCD Soundsystem. She was an essential piece for a sound that made a mark in a whole generation. A sound that was born in the offices of DFA Records, a community of artists that grew as a solid production team and record label.  She invited us home, showed us around her neighborhood and we had the chance to talk a little bit about her experience with LCD and working with James Murphy, her projects and ideas about music.

 

How long have you lived in NYC?

I’ve been here for about 18 years now.

Had you played music before coming to live to NY?

I knew a little bit about music but I had never played before, except from early piano lessons.

Are you interested in classical music?

Yes, I really like it but I don’t see myself as an artist driven by a classical background or influence. I don’t think too analytically about music, I am more interested in the pop factor in culture.

How did you start with LCD?

I met James Murphy at a party in the late 90s and we just got to be friends. In New York there was stuff starting to happen again, and everywhere we went we would run into each other, so we hung out a lot. And I worked a couple of blocks away from the DFA office; there wasn’t a label then, really. They had a studio and people hanging out and doing stuff.

A creative environment…

Right.

And how did it all start for the band, which was the starting point?

Well, he made a couple of songs. He put out a 12-inch (Losing My Edge b/w Beat Connection) and made some other songs to make an album. And the 12-inch did really well, so he was invited to play at a party and he asked me and other people to join him.

It was James’ idea basically. And the idea was to play just five shows, from time to time, just for fun…but the thing really grew and become our lives.

Had you played music live before that?

No. Just piano.

How was the experience?

It was terrifying; I had terrible stage fright but I got used to it.

We started practicing at the office, we did that for a long time and after that we would only practice before touring.

You have toured all over the world. What are some of your favorite places so far?

I think Glasgow is the best place to play, best venue, best crowd. I like playing in Paris…and Japan. I love going to Japan but the crowd is kind of weird. It’s really polite. (laughs)

Have you worked in other projects?

Yes, I made a record with Juan McLean…we toured and we are working on some stuff right now. And I have done a lot of guest collaborations with other bands. Mostly DFA bands…I have been Djing a lot lately as well.

Have you always been interested in electronic, synth-oriented sounds?

Kind of. I listened to a lot of new wave. Depeche Mode was like the second 45 I ever bought!

I saw an interview online where James Murphy said that if LCD was a movie he would be the “Scorsese” and the musicians would be the “De Niros”. I know this was a kind of joke but would you agree with that?

Yes, that makes sense. although he is a director who acts in his own movies. (laughs)

Do you think that pop music (or at least the one worth listening to) has to have an amount of antagonism?

I think all pop music has a lot of antagonism, but I don’t think that it necessarily needs it.

Do you conceive techno music connected purely to the club scene?

It seems to be expanding. It’s like hip hop music nowadays tends to sound like trance.

How do you feel about the end of LCD Soundsystem?

I miss playing. I don’t miss touring, but I miss touring with people, making music together…I kind of accepted that it’s over and I think it was what it was, and that it was a good idea to put it to an end. It was part of the evolution in a way.

 

Interview with KORAKRIT ARUNANONDCHAI

KORAKRIT ARUNANONDCHAI by LEILA JACUE

KORAKRIT ARUNANONDCHAI by LEILA JACUE

Publicado originalmente en la revista impresa Túnica

 

David– Can you tell me a little about your influences and background education?

Krit– I remember working when I was younger in Paint, the program, and then doing some stuff in Photoshop before I came to America to study at the Rhode Island School of Design. In the beginning I wanted to do graphic design and then I started painting but I did it in a way that would have similar protocols as the computer programs I had worked with, working with layers and so on. And then later, many of these pictures became what you could do in Photoshop as an analogy.

For example in my “History Paintings”, it’s like in Photoshop where you can see the history, the previous actions. It’s like an object, and then the performance, and then the picture you take of it which kind of looks like a picture of an action.

Q– Is that something you are looking for, the fact that the pictures are perceived or experienced in different media, online, in a video, in an installation…?

I think so. I have been doing two types of shows: the gallery installations and the pieces for institutions. All the content of the show has another life online. I am trying to make work for both audiences, the one in Thailand who won’t get to see the show and the one in New York that will get to see the show. But I want the work to be experienced differently.

If you go to the website it’s confusing to understand what the show really is. Online there is a flattening of information where everything is equal but, for example, when you go to the show, the whole show is filled with smoke and you can’t feel that. I consider the whole gallery as an installation.

Q– What drives you do this work, more engaged with your audience in Thailand?

I think my work changed a lot when I went to Columbia. I had a shift when I finished my MFA. There is a subject called Comparative Modernism where we studied how Modernism grows in a country and how it develops in every country in parallel and not necessarily compared to the Western notion of Modernism. There is a point when Buddhism in my country was connected to Modernism and from then the idea of modern was defined by this actualized reading of Buddhism.

In the past I used to want a work that would work here and there but differently, but now I think I even want to do separate specific work for Thailand and America.

Q- How would it be different?

This is a discussion I was having with my friend last night. I had this show “Painting with history in a room filled with men with funny names” where I talk about joining a legion of male painters as an analogy of my personal history when I joined a Christian boarding school where everyone was Buddhist. I built this work in combination of personal bend, personal subjectivity and postcolonial politics –  you know, the white man painter…- and then a good amount of pleasurable, formal, tasteful arrangements. My friend was telling me that the show was set up to succeed, so the audience comes and get it and they are on my side with the good politics and all, and say: Good Job!

And it’s interesting for me because I think the shows that really change people are the ones where people don’t necessarily get it and then 3 shows later they do. And there are artists that at first you hate and, after a few shows, your perception of their work changes because they have adapted to the artist point of view. And that requires a partially antagonistic point to the viewer.

Specifically for Thai audiences I really wanted to make a show where people would be on the same page. There I want the work to be almost didactic and sort of. Succeed, where here I don’t necessarily want to succeed, you know what I mean?

Q- You think you can control that reaction in the public?

I don’t think like decide completely but I am trying to go with this set up. I think about a goal and then I go from point A to B and then I see a clear path where everything comes together.

I am going to do a couple of more shows in the Fall: one in Kansas City and one in Milan and I really like the idea of series. I am revisiting my old work and reprocessing it. I am trying to figure out how to continue this series trying to make it harder in a way.

Q- It would be almost like a TV show series?

Yeah, but it is more like a trilogy where you can feel it is made by the same person and it’s the same work, but at the same time I probably want the second piece to somewhat betray the audience that follows the first ones and loves them a little bit. I want the second one to be harder but it will be framed as the first one so the people are going to connect with it.

Q– How is that connected to your life?

Each video reflects my life and people I meet and the process of making the video connects it all. Last summer I was in a residency in Maine. It’s really hard to get selected for their program. When you are there you are in nature, free of responsibilities, and the reason for this residency is for you to be there and rediscover yourself and reinvent yourself reflecting upon the work from other artists and nature.

Q- I can see some of that in your video pieces. How did this experience influence your work?

There is this text about this man who introduced modern art in Thailand, actually it was an Italian in the 1930’s. A sculptor from Florence who later on was given a Thai name that basically means “art”. He is like the father of modern art in Thailand. He wrote a very romantic text about art and nature I introduced in my installations. And the idea basically was kind of making art as a big thank you to nature. And then there was this woman in a TV program that made a painting live with her boobs and then became a taboo thing because she actually had been paid by the program. And the ultimate guy from this romantic school, highly modernist and Buddhist, talks about it and how the Western countries would do it be better. And the people start asking then “what is art?”, and he answers it on the TV, telling everybody how this is bad because she doesn’t know about composition and stuff… The video is about how I saw it and how I end up making the same painting.

Q- Because you are a “valid” artist, and a man…

Exactly, the point is that I think my version would be OK for them, because I don’t show sexual parts and I am a man, even though it’s basically the same result. Every time I am reenacting this performance and I would like to eventually meet her and collaborate with her. I don’t know if she would agree but…

Through my position and the cultural value I have, making art in the west, somehow I can generate a cultural value that links to a monetary value to this paintings that will return to Thailand, circulating from the West.

Q- With the aura of the West

Yeah. There is this weird thing that me being Thai and living in America adds a culture value to my work almost immediately, and at the same time me, being in Thailand as an artist but being “approved” by the West, that gives validity to this action and this symbol. Even though I am trying to develop very democratic skills related to everyone, like the use of denim, bleach, fire…

Q- What are you working on right now?

There is this temple in Thailand with millions of followers (Krit is talking about Dhammakāya movement) and they had this video lecture about what happened with Steve jobs after he died. Where did he go after he died and why he got cancer. The temple, visually, is really extreme.

Since it came out I wanted to write a screenplay and then make a feature film based on this. To think about Steve Jobs and Apple and how that connects and in a way opposes to Buddhism is very interesting to me.  So the idea is making a kind of a road movie where these three girls are coming to America and then meet a guy who resembles Steve Jobs and try to find him and in the way, they meet a lot of surrogates of him that kind of lead them to him and finally. the lead character meets him at the Spiral Jetty.

The whole video is linear but with a lot of flashbacks, like in the TV series “Lost”. And I am kind of working on installation pieces which will become or feed the material for the flashbacks. But at the same time they are projects on themselves.

Q- Do you have the whole script connected, at least in your mind?

I am working on it for the next two years. Before I do this I need to do a lot of research about the temple and have interviews with members of this movement. I am planning little by little by little and it’s probably better to let it grow organically as I grow myself.

LA RESISTENCIA NO ES MODELO SINO DEVENIR. Crítica de lo radical contemporáneo.

 

Publicado originalmente en la revista impresa Estudios Visuales

 

“El árbol es filiación, pero el rizoma es alianza, únicamente alianza.” [i](Gilles Deleuze y Felix Guattari)

“Didier Eribon: Entonces, para usted, un mito es el conjunto de sus (propias) variantes, de sus versiones. ¿No intenta determinar la versión auténtica?

Claude Levi Strauss: No hay versión buena, ni forma auténtica o primitiva. Hay que tomar en serio todas las versiones.”[ii] (Claude Lévi-Strauss)

 

Lo radical. La búsqueda de la raíz, del bulbo. Señalar el origen. Incluso el estructuralismo llegó a pretender eso, alcanzar una verdad estructural, un principio de acuerdo, un lugar aparentemente sistemático, abierto a una multitud de sujetos de experiencia. El radicalismo que denunciaremos no pretende tal cosa sino todo lo contrario, crear el discurso donde se halla la verdad que excluye a todo lo que no es ella misma.

Por el contrario poder es difuso, distribuye centros. De ahí cuando Deleuze y Guattari habla del potencial político del rizoma y no de la raíz.

Lo radical ha surgido históricamente como intento de fuga –hacia dentro, bajo tierra- como oposición o reacción a un sistema opresivo, coercitivo. En el momento en que alguien se percata de la inmovilidad que produce la opresión y encuentra un hueco mínimo para deslizar sus brazos e irse liberando comienza el movimiento radical como ejercicio de singularidad, diferenciación y resistencia ante cualquier tipo de unificación simbólica impuesta por un régimen hegemónico. Defenderemos precisamente aquí que la idea de la resistencia es un mito cuya multiplicidad de significaciones y aplicaciones que se han venido dando en nuestras sociedades se ha homogeneizado –y por tanto, depotenciando- bajo nuevas y más sutiles formas de represión caracterizadas no ya por la usurpación o trasgresión de los derechos fundamentales de los individuos sino por la contención y homogeneización de sus pasiones bajo el paraguas liberal en el cual el individuo se siente obligado a ceder a sus pasiones singulares a cambio de su  protección por el ámbito económico global.

Ciertamente el panorama geopolítico ha cambiado en las regiones desarrolladas del planeta donde, hoy por hoy, todo esta aparentemente permitido, amparado bajo las libertades esenciales de los regímenes democráticos occidentales. No hay una opresión visible, directa, sino una represión difusa, global, que ejerce sus puntos directos de tensión sobre los extremos más pobres, más invisibles del planeta, allí donde la ausencia de democracia no se considera como problema a menos que ponga en peligro la apariencia más o menos homogénea de la represión difusa global.  Los movimientos de liberación de esta represión, al ser igualmente difusos, dispersos en la inmensidad del panorama democrático de voces, pasan desapercibidos. En este contexto es donde surge el individuo radical.

El individuo radical postmoderno, inscrito en nuestro sistema de represión – o dominación si se prefiere – no pretende ya una fuga (¿hacia dónde?),  ni tampoco una revolución; tal empresa requeriría una organización y, como consecuencia, un tiempo que no está dispuesto a perder, tal vez porque no lo tiene para sí. El radical  juega con el factor sorpresa: el shock. Un corte, una interrupción, un silenciado del discurso, un barrenado de un territorio; como hacer estallar una bomba para detener el fuego de un pozo de petróleo que vierte crudo descontroladamente. En el momento del impacto, aquél ostenta una ilusión de control proporcionada por un reclamo efectivo de visibilidad. Pero tal visibilidad no deja de ser momentánea, y lo cierto es que las explosiones (metafórica y literalmente hablando) radicales son tantas que han acabado componiendo, a velocidad constante, un nuevo flujo descontrolado de impactos, de shocks. En este escenario, nuestra conciencia se ha habituado ya al estrés permanente que supone la novedad radical. Estamos aquí escribiendo esto porque no sabemos cómo detener este nuevo flujo de efectos de radicalidad que crea una cobertura perfecta que aísla al sistema de poder de toda posible fractura, deriva o transformación real.

El sistema que mantiene esta represión difusa ha conseguido situar el campo de batalla social, de “lucha por las libertades”, en tales acciones directas –temporalmente visibles-, a menudo anecdóticas, a través de la ficción screener de los medios de comunicación de masas. Todo el mundo sabe, “everybody knows” canta Leonard Cohen, que es en realidad en los sistemas sumergidos de la economía, de la política, la ciencia y la tecnología –y biotecnología- donde se estipula la auténtica represión (o contención, o contentado) de las masas, donde “todo lo que tiene que ver con el papel que juegan las pasiones en la creación de identidades colectivas, todo aquello que tiene que ver con el deseo, con el inconsciente, y de forma más general con la cultura, se oculta.” (Chantal Mouffe)[iii] Esta represión actúa pues menos como imposición o privación sino como “aculturación” (Boltanski Chiapello)[iv], caracterizada por la desligazón de los orígenes culturales – del saber y su transmisión generacional – en favor de la globalización, el escamoteo de información que pueda dar medios al individuo para su emancipación real -un margen de independencia al menos – y la legitimación del puro orden liberal de los medios de comunicación como único dispositivo de conocimiento.

Verificamos día tras día la máxima debordiana que revela que “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes”[v] Lo mediático se ha configurado como un órgano autónomo que funciona en la superficie –en la pantalla- de tales realidades sumergidas (especializadas, burocratizadas y tediosas) para seleccionar pequeñas partículas espectaculares de las mismas emitidas (broadcasted) a discreción con el fin de dar una ilusión de conocimiento al espectador sobre lo que acontece. Se trata sin duda de un juego de opinión que sirve como pulso de poder a la política actual, una política que funciona ya, como bien sabemos, en un territorio puramente mediático. En este juego la audiencia funciona como index: señala la dirección de los tiempos – como un polígrafo que refleja las oscilaciones de las constantes sociales – pero no es capaz de decidir cuál ha de ser tal dirección. Quizá en ciertos ilustres momentos exista la esperanza de que es capaz de hacerlo, “yes we can” rezaba Obama en su campaña, pero lo cierto es que es tan sólo una ilusión de consenso que mantiene vivos unos ideales heroicos, que, convertidos en imagen única – en modelo, y depotenciados así como mito – nos separan de la auténtica toma de poder y la modificación real del orden global de los acontecimientos. Hay una kantiana “disposición moral” para la revolución pero se carece del empuje suficiente para llevarla a cabo.

Ciertamente la mayoría –la mayoría contemporánea, el mainstream-, por definición, carece del empuje cultural singular que le permita dirigir sus esfuerzos hacia un objetivo de emancipación concreto puesto que el modelo propuesto para una mayoría –lo que la une- difícilmente puede ajustarse a los procesos individuales de sus componentes. Por contra, “una minoría no tiene modelo, es un devenir, un proceso. Se puede decir que la mayoría no es nadie. Pero todo el mundo, bajo un aspecto u otro, es agarrado por un devenir minoritario que lo llevaría a caminos desconocidos si se decidiera a seguirlo” [vi] (Gilles Deleuze).  Desde nuestro punto de vista, todo planteamiento crítico que no cuente con la problemática heterogénea de cualsea devenir minoritario y plantee sin embargo cualquier tipo de apelación mayoritaria hacia el cambio -desde el cambio climático, al cambio de paradigmas económicos, sociales o estéticos- no podrá ser efectivo, es decir: llegar a obtener resultados visibles, puesto que toda ideología –la manifestación de unas condiciones de existencia de un colectivo- se ha desmantelado, o cuando menos desconectado de su proceso de realización, en favor de un inflado de la voluntad global de la audiencia. Esa audiencia expresa cada día y desesperadamente una voluntad de cambio pero, tal cambio no es posible si se carece de una idea del mismo.

Como sabemos, los postulados radicales no equivalen a transformaciones radicales. Pretenden teorizar o manifestar; inducir, en definitiva, a la acción revolucionaria, pero, como ya comentamos antes, tal revolución requiere una organización, una temporalidad, un trabajo ideológico en definitiva, que difícilmente se puede desarrollar si no es dentro de la lógica del sistema hegemónico que se quiere transformar. Como Boltanski y Chiapello desarrollaran en su libro[vii], dentro de un sistema capitalista la radicalidad, para ser puesta en escena, ha de venderse como un producto más del sistema, y es aquí donde, obviamente, toda potencialidad revolucionaria se diluye. Algo sobre lo que ya Lacan, hablando de la posibilidad de denunciar el discurso del capitalista, dijera en Televisión: “Indico solamente que no puedo hacerlo seriamente, porque al denunciarlo lo refuerzo -lo normativizo, a saber, lo perfecciono”.[viii]

La posibilidad de una democracia radical parece ser la posible alternativa que Negri y Hardt defienden en su libro Multitud [ix]. Según ellos: “la multitud está trabajando en el Imperio para crear una sociedad global alternativa.” En nuestra opinión tal organización colectiva, que de ser posible lo es gracias a la disponibilidad generalizada de la tecnología de telecomunicación en red, sólo parece estar siendo efectiva, en tanto que multitudinaria, cuando se ha venido articulando no en torno a la potencia de los individuos sino a sus formas de impotencia. Impotencia para conocer gente –chats, meetic…-, para adquirir bienes –ebay, amazon…-,  para obtener información instantánea –wikipedia, google search…-, para ir al cine  – emule, torrents…-, etc. Es decir, bajo formas de entretenimiento o socialización virtuales – las nuevas “redes sociales” – que no constituyen, desde nuestro punto de vista, alternativas al modelo real sino tan sólo sustitutos de baja intensidad. Pese a que sus métodos de intercambio sean más técnicos y la cantidad de información sea exponencialmente mayor, no conforman la alternativa que sugiere Negri pues se basan en los mismos modelos mainstream dictaminados por la fábrica de ideología dominante sostenida por la “necesidad del disfrute” [x] que se ha instaurado como el aparentemente único derecho inalienable del individuo. Un disfrute contabilizado en unidades de diversión estándar reflejadas en estadísticas que determinan su éxito por su potencialidad como negocio.

El surgimiento en red de una “inteligencia colectiva”, aquella que proclama que una multitud de inteligencias conectadas entre sí pueden llegar más lejos que la mayor de las inteligencias individuales, no garantiza su profundidad. El hecho de que podamos conseguir gran cantidad de información basada en una amplia diversidad de  experiencias individuales no garantiza el acceso inmediato a la solución de nuestra experiencia individual. Más bien si acaso ésta, en la conexión en red, se comienza a diluir, a hacerse compartida ya desde su origen, a devenir online. Quizá sea en este devenir online de la experiencia en los nuevos espacios en red donde haya que invertir los esfuerzos para crear un forjado 4 D donde exista una dimensión de profundidad o de intensidad para el pensamiento. Será ésta sin duda una cuarta dimensión, la del tiempo, que nos permita transcurrir a la velocidad de la luz y a su vez insertarnos lentamente en las velocidades de regulación dictaminadas por los sistemas de dominación, represión o contención. En ellas el tiempo es la gran ausente. El tiempo que nos ha sido arrebatado y se nos promete recobrarlo yendo tras él, evadiéndonos con las herramientas y los productos del entretenimiento.

“Estrictamente considerados, todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños vivos es un pensador (…) pero sólo una parte muy limitada de la especie da prueba de saber pensar.”[xi] (George Steiner)

Constatamos cada día que el pensar, como ejercicio crítico, pese a su absoluta relevancia en el desarrollo del ser, no se considera si quiera digno de su propio entrenamiento especializado en cualesquiera planes de estudio si no es como aplicación –de dudosa instrucción- en ciertos ámbitos del conocimiento.

Desde nuestra opinión, el interés del giro conceptual de las prácticas artísticas a partir de los años setenta, estribaría no en su simplificación o sutilización procedimental, ni en cualquier obsoleta idea de evolución formal, sino en el uso activo del pensamiento como método de trabajo para la resolución de los problemas singulares de experiencia –alejados del territorio codificado, mapeado- que se plantean en cualsea devenir minoritario. Un devenir en el que “la voluntad del artista es secundaria al proceso que él inicia desde la idea hasta su realización”[xii] (Sol Lewitt). En tanto que la filosofía ha perdido su papel en las sociedades contemporáneas, el arte ha tendido a suplantar el vacío de significado que las industrias mediáticas se empeñan en rellenar con la espuma de poliuretano del entretenimiento como si jamás hubiese existido hueco alguno. Es aquí donde las prácticas artísticas no pueden seguir la lógica de audiencias de los media si no quieren perder para siempre su potencial poder plástico para el desarrollo del ser. Desconfiamos pues de las exhibiciones bien de unificación discursiva, bien de novedad radical de los discursos artísticos contemporáneos, máxime cuando se producen en la sofocante precariedad simbólica de un estado de crisis.

Los estudios críticos pueden contribuir como órganos de saber a reconocer las unidades de creación de las prácticas culturales. En todas las disciplinas hay un margen de acción creadora pero “hay un límite que les es común a todas esas series, a todas esas series de invención de funciones, de bloques movimiento-duración, invenciones de conceptos, etc. La serie que les es común a todas o ¿el límite de todo esto qué es? Es el espacio-tiempo.” [xiii] (Gilles Deleuze)

Existen vínculos que conectan las funciones de las diversas disciplinas y tal vez sea momento de extraer esas funciones fuera de su raíz y devolverlas al prado fértil de los conceptos. En este campo los estudios críticos no pueden ya resolver unificar sus ámbitos de estudio; no se puede volver a la estructura árbol pese a que sea ésta la lógica visible del capitalismo avanzado. La especialización es una solución aparente pero que jamás llegará a delimitar el objeto de estudio ya que éste está en permanente deslizamiento conceptual. No hablemos más, pues, de objetos sino de funciones.

La hibridación, el desarrollo de democracias radicales experimentales en los ámbitos institucionales nos parece, en este escenario, la única vía de trabajo posible. La unión de las disciplinas no en base a su similitud objetual tradicional sino a su compatibilidad funcional. Una compatibilidad dictaminada por la creación y el arte como puesta en marcha, despliegue y ejercicio de formación del pensamiento. Aquí es donde los ejemplos de la tradición del arte y el pensamiento se encuentran disponibles como “mapas de carreteras para el alma”[xiv] y donde el sostenimiento de la actividad creadora se impone como el vehículo esencial de nuestro tránsito por el mundo. Todo pensamiento ha de ser creativo, responder con funciones singulares en series espacio-temporales comunes.

De nuevo: no hay objeto, hay función, una función que hay que inventar en cada momento para poner en marcha al objeto.

Las obras de arte, bajo este enfoque no serían más objetos –de qué sirven como tales más que para sostener nuestros instintos fetichistas- sino modelos heterogéneos y singulares –difícilmente aplicables como modelos de una mayoría – de resistencia a los límites del pensamiento, de lo visible, de la experiencia,… al tiempo, a la muerte. Revelarían los límites contextuales del sujeto y de su lectura del mundo mostrando que ésta siempre es incompleta, que la experiencia está siempre en proceso y que nunca viene ni podrá venir dada plenamente por cualquier modelo, ya sea ideológico o tecnológico, que aquella reclamará siempre de nosotros un esfuerzo hacia la heterogénea naturaleza de los signos en la conquista del devenir cualsea.

 


[i] Deleuze, Gilles; Guattari, Felix. Mil Mesetas. Pretextos. Valencia, 1982.

[ii] Eribon, Didier; Levi-Strauss, Claude. De cerca y de lejos. Alianza. Madrid, 1990.

[iii] Expósito, Marcelo; Mouffe, Chantal. Pluralismo artístico y Democracia Radical. Entrevista. Revista Acción Paralela, número 4. Mayo de 1998.

[iv] Boltanski, Luc y Chiapello, Ève. El nuevo espíritu del capitalismo. Akal. Madrid, 2002.

[v] Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. Pre-Textos. Valencia, 1999

[vi] Deleuze, Gilles. Conversaciones. Pre-Textos. Valencia, 1996.

[vii] Op. Cit.

[viii] Lacan, Jacques. Psicoanálisis: Radiofonía & Televisión. Barcelona, Anagrama, 1977.

[ix] Negri, Toni; Hardt, Michael. Multitud. Guía y democracia en la era del Imperio. Ed. Debate. Madrid, 2004.

[x] Negri, Toni. Back to the future, a portable document. En Read me. Autonomedia, Amsterdam. 1999.

[xi] Steiner, George. Diez posibles razones para la tristeza del pensamiento. Siruela, Madrid 2007.

[xii] Lewitt, Sol. Sentences on Conceptual Art. Art and Language Vol. 1. Nº1 Mayo 1969

[xiii] Deleuze, Gilles.  ¿Qué es el acto de creación? Conferencia dada en la cátedra de los martes de la fundación FEMIS.1987 Traducción de Bettina Prezioso, 2003.

[xiv] “And the National Bank at a profit sells road maps for the soul” Bob Dylan. Tomstone Blues. En: Highway 61 Revisited. Columbia Records. 1965. Armando Montesinos Ex-libris.