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Hito Steyerl. Un mar de información: La apofenia y el (des-) reconocimiento de patrones.

Imagen secreta de los archivos de Snowden

Imagen secreta de los archivos de Snowden


¿Es la apofenia (la experiencia consistente en ver patrones, conexiones o ambos en sucesos aleatorios o datos sin sentido) una nueva forma de paranoia? En 1989, Frederic Jameson declaró que la paranoia es uno de los principales patrones culturales de la narrativa postmoderna, penetrando en el inconsciente político. De acuerdo con Jameson, la totalidad de las relaciones no pudo ser representada culturalmente dentro de la imaginación de la Guerra Fría y los espacios en blanco fueron llenados con delirios, conjeturas, y tramas absurdas ilustradas con logos masónicos. Pero después de las filtraciones (los Wikileaks) de Snowden una cosa se hizo evidente: todas las teorías de la conspiración eran reales. Aún peor, fueron superadas por la realidad. La paranoia es una ansiedad causada por una ausencia de la información, por la abundancia de vínculos perdidos y una supuestamente encubierta evidencia. Hoy se puede aplicar lo contrario. La idea de totalidad de Jameson ha tomado una forma diferente. No se encuentra ausente. Por el contrario: campa con libertad. La totalidad – o quizá una versión correlativa de la misma- ha regresado con fuerza en forma de inmensos “cargamentos de información”.

Las relaciones sociales se destilan como metadata de contacto, gráficas relacionales o mapas de alcance de la infección. La totalidad es un tsunami de spam, porno de la atrocidad y apretones de manos virtuales. Esta versión cuantificada de las relaciones sociales se encuentra inmediatamente dispuesta e implementada tanto en operaciones policiales como en publicidad direccionada, clicks personalizados, tracking de globo ocular, neurocurating, y toda técnica de financiación del afecto. Funciona tanto para la evaluación social como forma de mercancía en sí misma.

Este tipo de totalidad es de hecho algo más, a saber, una “singularidad”. Singularidad -el mito mascota de la ideología de California- describe, entre otras cosas, al tiempo cuando la inteligencia artificial tomará el control. El programa de NSA, SKYNET, fue nombrado a partir de una de las más famosas singularidades de Hollywood, un robot de inteligencia artificial masacrando para conseguir la dominación mundial en la obra cyborg de Schwarzenegger Terminator.

Pero la singularidad también tiene otro significado: las reglas generales no se aplican a esta entidad, especialmente la regla de la Ley. Se aplica más bien caso por caso, o quizá en cada caso por sí mismo. De este modo, parecen existir singularidades compitiendo entre ellas. Otra singularidad de nuestros tiempos, más poderosa aún si cabe, es de un modo más obvio, la entidad semi-divina denominada “los mercados”, un set de organizaciones consideradas por un lado autónomas y superinteligentes, de tal providencia que la razón tiene que inclinarse ante su vasta superioridad. Si puede decirse que el mito del mercado ha reemplazado el mito del socialismo, entonces las singularidades existentes en la actualidad – la vigilancia gubernamental y la dominación del mercado, cada una dominada por sus ideas de liberalismo singulares – más las vastas y confusas burocracias, las oligarquías, cuasi-estados, dictaduras informales, start-ups de la dark net, equipos de asalto econométricos, y los inclasificables para-monopolios que sostienen estas operaciones han reemplazado los de hecho existentes socialismos del Siglo Veinte: entidades ideológicas extendidas a lo largo de toda la chatarra de centros especiales de información, los intercambios financieros de alta frecuencia, y las vastas zonas de impunidad y violencia que crean una forma de distribución de la información y de los recursos totalmente tendenciosa e insostenible.


Nota al margen número 29 del artículo.

Traducción: David García Casado

Artículo completo en inglés en e-flux

Inventando el futuro. Postcapitalismo y un mundo sin trabajo. Introducción.

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Por Nick Srnicek y Alex Williams

¿Adónde se ha ido el futuro? Durante gran parte del siglo veinte el futuro ejerció una gran influencia en nuestros sueños. Sobre los horizontes de la política de izquierdas se aglutinaron una gran variedad de visiones emancipatorias, a menudo surgiendo de la conjunción del poder político popular y el potencial liberador de la tecnología. Desde las predicciones de nuevos mundos de ocio hasta el comunismo cósmico de la era soviética, las celebraciones afro-futuristas de lo sintético y la naturaleza diaspórica de cultura negra, los sueños post-género del feminismo radical, la imaginación popular de la izquierda, todas estas visiones imaginaron sociedades vastamente superiores a cualquiera que podamos soñar hoy en día. A través de un control popular político de las nuevas sociedades, transformaríamos colectivamente nuestro mundo para mejor. Hoy, en cierto nivel, estos sueños parecen más cercanos que nunca. La infraestructura tecnológica del siglo veintiuno está produciendo los recursos por los cuales se podría alcanzar un sistema político y económico muy diferente. Las máquinas están realizando tareas que eran inimaginables hace una década. Internet y las redes sociales están dando voz a billones de personas que carecían de voz, haciendo de la democracia global participativa algo cada vez más cercano a una realidad. Los diseños de código abierto, la creatividad copyleft y la impresión 3D auguran un mundo donde se puede superar la escasez de muchos productos. Nuevas formas de simulación por ordenador podrían rejuvenecer la planificación económica y darnos la posibilidad de dirigir las economías de un modo racional y de maneras sin precedentes. La nueva ola de automatización está creando la posibilidad de que se eliminen permanentemente un sector enorme de trabajos aburridos y humillantes. Las tecnologías de energía limpia hacen posible formas de producción energética virtualmente ilimitadas y medioambientalmente sostenibles. Y las nuevas tecnologías médicas no solo permiten una vida más larga y saludable sino que también hacen posibles nuevos experimentos con el género y la identidad sexual. Muchas de las demandas clásicas de la izquierda – menos trabajo, el fin de la escasez, una democracia económica, la producción de bienes socialmente útiles y la liberación de la humanidad – son materialmente más alcanzables hoy en día que en cualquier otro momento de la historia.

Aun así,  como contraste a todo el esplendor de nuestra era tecnológica, permanecemos atados por un compendio de relaciones sociales anticuadas y obsoletas. Continuamos trabajando largas jornadas, tenemos que viajar durante más tiempo a nuestros trabajos, realizamos tareas que sentimos que cada vez tienen menos sentido. Nuestros trabajos se han hecho más inseguros, nuestra paga se ha congelado y nuestra deuda se ha hecho inasumible. Luchamos para llegar a fin de mes, para poner comida en la mesa, para pagar el alquiler o la hipoteca, y mientras saltamos de trabajo en trabajo, pensamos en las pensiones y luchamos para tener un colegio asequible y de calidad para nuestros hijos. La automatización nos manda al paro y el estancamiento de los salarios devasta a la clase media mientras los beneficios corporativos alcanzan cotas inéditas. Los destellos de un futuro mejor son pisoteados y olvidados bajo las presiones de un mundo cada vez más exigente y precario. Y cada día regresamos al trabajo como de costumbre: agotados, con ansiedad, estresados y frustrados.

A un nivel planetario las cosas se ven aún más sombrías si cabe. El daño al clima global continúa sin cesar, y los efectos colaterales de la crisis económica ha llevado a los gobiernos a abrazar la paralizante espiral mortal de la austeridad. Sacudidos por poderes imperceptibles y abstractos, nos sentimos incapaces de evadir o controlar las pulsiones periódicas de las fuerzas económicas, sociales y medioambientales. Pero ¿cómo vamos a cambiar esto? Alrededor nuestro, parece que los sistemas políticos, los movimientos y los procesos que han dominado los últimos cien años ya no son capaces de traer cambios genuinamente transformadores. Por contra, nos han empujado hacia un loop infinito de miseria. La democracia electoral se encuentra en un notable deterioro. Los partidos políticos de centro izquierda han sido vaciados y desangrados de todo mandato popular. Sus cadáveres deambulan como meros vehículos laborales para que oportunistas hagan carrera. Movimientos políticos radicales florecen de forma prometedora pero se marchitan rápidamente debido al cansancio y la represión. El trabajo organizado ha visto sus poderes arrebatados sistemáticamente, dejándolos escleróticos e incapaces de cualquier otra cosa que no sea una muy débil resistencia. Aun así, y a pesar de estar viviendo todas estas calamidades, las políticas de hoy en día permanecen profundamente caracterizadas por una carencia  de nuevas ideas. El neoliberalismo ha ejercido su influencia durante décadas y la social democracia existe mayormente como un simple objeto de nostalgia. A medida que las crisis ganan fuerza y velocidad, la política desaparece o se retira. En esta parálisis del imaginario político, el futuro ha sido cancelado.

Libro editado en inglés por Verso, 2015 http://www.versobooks.com/books/1989-inventing-the-future

Traducción de David García Casado