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Massive Attack vs. Adam Curtis: grietas en el búnker de datos

Massive Attack Vs. Adam Curtis .- Breaking the sarcophagus of data

Massive Attack Vs. Adam Curtis .- Breaking the sarcophagus of data

Publicado en InfoLibre

No se podría haber escogido en todo Nueva York un mejor lugar para el concierto-espectáculo de Massive Attack y Adam Curtis que el Armory de Park AvenueCuando accedemos al edificio nada permite adivinar que se trata de un concierto. Una luz cenital ilumina la penumbra del espacio acorazado, de aspecto militar y con gigantescas naves interiores sin ventanas. Además, unas máquinas de humo suministran una ligera neblina al antiguo depósito de armas, donde los espectadores nos preguntamos qué hemos venido a ver exactamente.

A la hora programada, unas cortinas de tela se abren y permiten el acceso a otro espacio rodeado de pantallas traslúcidas. El escenario se encuentra otro lado de la pantalla donde se refleja el metal de las guitarras y pequeñas luces led palpitan periódicamente. En algunos instantes comienza el espectáculo: imágenes de archivo con textos que anuncian una crítica feroz al sistema mientras la banda comienza a interpretar Baby it’s you, el clásico de Burt Bacharach en la versión de las ShirellesLa belleza de la canción contrasta con la crudeza de las imágenes. Estamos ante un ejercicio de pensamiento crítico, vemos en las pantallas la silueta de las guitarras a contraluz, pero también siluetas de rifles de asalto.

El proyecto se trata de una colaboración entre el cineasta británico Adam Curtis y Robert del Naja de Massive Attack, y constituye un nuevo tipo de experiencia audiovisual que combina música en directo integrada y sincronizada con proyecciones de material de archivo además de voz y texto que se yuxtaponen de un modo espectacular. El espectador se encuentra rodeado de imágenes y sonidos pero también de ideas. Los autores de la obra exponen, a través de conocidas y poderosas historias individuales, cómo un nuevo sistema de poder se ha erigido en el mundo para manejarnos y controlarnos. Un sistema rígido y estático basado en sistemas de control y predicción de datos, que utiliza a las imágenes como un modo de encapsularnos en el sarcófago de datos del pasado y que nos impide avanzar y construir un futuro libre. 

Junto con el grupo Massive Attack actúan dos cantantes estelares: Liz Fraser, cantante de Cocteau Twins y la leyenda del reggae Horace Andy (que borda Baby, it’s you). Juntos hacen un sorprendente recorrido musical con versiones que van desde las Shirelles, a Jesus & Mary Chain, Suicide, Serge Gainsbourg, Barbara Streisand o bandas de punk de Siberia de mediados de los 80. Conocidos temas que actúan como banda sonora enfatizando los mensajes de las dramáticas y emocionantes historias que se suceden en el filme. Historias de sacrificio como la de la artista y musa de los 60 Pauline Boty, que renunció a un tratamiento contra el cáncer para poder dar a luz a su hija, o la de los operarios que sellaron el sarcófago nuclear de Chernobyl aun sabiendo que iban a morir debido a la radiación. Historias también de famosos teóricos de la predicción de los datos como la del economista Fischer Black o la del ejecutivo Akio Kashiwagi que hizo sus fortuna con apuestas en los casinos de Las Vegas.

Entremezcladas se desarrollan también historias de quienes han cambiado los modelos en los que se representa el poder, como Ted Turner, Donald Trump o Vladimir Putin. El resultado es un poderoso manifiesto hecho con fragmentos de vidas de individuos que han tenido la capacidad para modelar el presente y detenerlo para poder controlarlo y también de quienes se han sacrificado –y un homenaje a los que siguen haciéndolo- para que el futuro y la libertad sean una opción. El mensaje final es claro: no se puede predecir el futuro, nunca se podrán controlar todas las variables; es posible construir un porvenir, nuestro porvenir, pero debemos ser capaces de eludir el control de quienes pretenden tener en su mano el poder de escribir las reglas del juego. 

La sonificación del cambio climático

Originalmente publicado en InfoLibre

Paul D. Miller aka Dj Spooky - Fotografía de Leila Jacue

Paul D. Miller aka Dj Spooky – Fotografía de Leila Jacue

La sonificación sonification en inglés es un neologismo que refiere a laconversión en sonido de cualquier tipo de información, transformando los datos numéricos en datos sonoros. Este nuevo enfoque de la información ha sido desarrollado por Robert Alexander, un joven doctorando en la Universidad de Michigan y colaborador con la NASA, cuya investigación diseña nuevas herramientas informáticas para interpretar la información tomada por científicos y transformarla en algo más que fríos números y gráficos. El resultado es un innovador análisis de la información que nos ofrece una presentación de los datos mucho más fresca e intuitiva.

Robert Alexander se considera a sí mismo especialista en sonificación de datos y compositor. De acuerdo con su investigación, todo tipo de información es susceptible de ser transformada en sonido; por ejemplo la información bursátil, el ritmo cardiaco, la intensidad las ondas cerebrales, la densidad de tráfico de una ciudad, etc. Una de sus más interesantes creaciones es la sonificación de los datos que la NASA posee del viento solar; las corrientes expulsadas de la atmósfera superior del sol que afectan a la tierra con tormentas geomagnéticas y las visualmente fascinantes auroras (boreal y austral).

En la actualidad la NASA posee gran cantidad de material visual proporcionado por los satélites y unidades de exploración espaciales,pero se trata casi siempre de películas mudas. Robert Alexanderinterpreta la información de las imágenes (ritmos, intensidades, velocidades) y la transforma en sonido creando una especie de “banda sonora” para estas películas. El resultado, además de espectacular, da una valiosa información sobre las repeticiones y frecuencias de los fenómenos espaciales que podemos percibir de una forma más sensorial y sin necesidad de una comparación numérica.

El innovador enfoque de Alexander ha despertado el interés de muchos científicos, como es lógico, pero también de artistas y músicos, conscientes de las posibilidades creativas y sociales de esta investigación. Recientemente ha colaborado con Paul D. Miller a.k.a. DJ Spooky that subliminal kid, un teórico de los medios, artista y compositor con el que comparte un interés mutuo en la visualización de los efectos del cambio climático y la transformación de la superficie terrestre.

Paul D. Miller a.k.a DJ Spooky ha viajado a los polos creando On Water and Ice, una exploracion audiovisual en el que la información tomada del deshielo de los glaciares ha sido sonificada para formar parte de la composición.  Antes de este proyecto sonoro, escribió y editó The Book of Ice (Powerhouse Books), un libro en el que, a modo de DJ, remezcla sus propias fotografías con ilustraciones y material de archivo para componer un manifiesto a favor de una república Antártica, liberada del dominio y explotación de las potencias mundiales que implica en última instancia una explotación de los recursos globales.

El resultado es una investigación teórica y visual -en parte histórica, en parte ensayística – en la que se examina la evolución gradual de un planeta tierra que fue en origen extremadamente caliente y sobre el que tuvieron que pasar millones de años para que se enfriase dando lugar a la vida orgánica, un proceso que la civilización está revirtiendo peligrosamente.

Recientemente DJ Spooky ha formado parte del programa de artistas en residencia del Metropolitan Museum de Nueva York en el que ha podido dar forma a su trabajo de sonificación del cambio climático con la ayuda de Robert Alexander. Como fin de su programa de residencia, ambos artistas colaboraron en una performance en el café del MET Museum en la que compartieron su investigación y los datos sonificados con la audiencia, la cual pudo compartir también los sonidos de sus teléfonos móviles y dispositivos portátiles a través de WiFi en una gran fiesta de remezclas colectivas.

 

Interview with Nancy Whang from LCD SOUNDSYSTEM

Originalmente en la revista en papel Tunica

Nancy Whang by Leila Jacue

Nancy Whang by Leila Jacue

Nancy Whang is one of the founding members of LCD Soundsystem. She was an essential piece for a sound that made a mark in a whole generation. A sound that was born in the offices of DFA Records, a community of artists that grew as a solid production team and record label.  She invited us home, showed us around her neighborhood and we had the chance to talk a little bit about her experience with LCD and working with James Murphy, her projects and ideas about music.

 

How long have you lived in NYC?

I’ve been here for about 18 years now.

Had you played music before coming to live to NY?

I knew a little bit about music but I had never played before, except from early piano lessons.

Are you interested in classical music?

Yes, I really like it but I don’t see myself as an artist driven by a classical background or influence. I don’t think too analytically about music, I am more interested in the pop factor in culture.

How did you start with LCD?

I met James Murphy at a party in the late 90s and we just got to be friends. In New York there was stuff starting to happen again, and everywhere we went we would run into each other, so we hung out a lot. And I worked a couple of blocks away from the DFA office; there wasn’t a label then, really. They had a studio and people hanging out and doing stuff.

A creative environment…

Right.

And how did it all start for the band, which was the starting point?

Well, he made a couple of songs. He put out a 12-inch (Losing My Edge b/w Beat Connection) and made some other songs to make an album. And the 12-inch did really well, so he was invited to play at a party and he asked me and other people to join him.

It was James’ idea basically. And the idea was to play just five shows, from time to time, just for fun…but the thing really grew and become our lives.

Had you played music live before that?

No. Just piano.

How was the experience?

It was terrifying; I had terrible stage fright but I got used to it.

We started practicing at the office, we did that for a long time and after that we would only practice before touring.

You have toured all over the world. What are some of your favorite places so far?

I think Glasgow is the best place to play, best venue, best crowd. I like playing in Paris…and Japan. I love going to Japan but the crowd is kind of weird. It’s really polite. (laughs)

Have you worked in other projects?

Yes, I made a record with Juan McLean…we toured and we are working on some stuff right now. And I have done a lot of guest collaborations with other bands. Mostly DFA bands…I have been Djing a lot lately as well.

Have you always been interested in electronic, synth-oriented sounds?

Kind of. I listened to a lot of new wave. Depeche Mode was like the second 45 I ever bought!

I saw an interview online where James Murphy said that if LCD was a movie he would be the “Scorsese” and the musicians would be the “De Niros”. I know this was a kind of joke but would you agree with that?

Yes, that makes sense. although he is a director who acts in his own movies. (laughs)

Do you think that pop music (or at least the one worth listening to) has to have an amount of antagonism?

I think all pop music has a lot of antagonism, but I don’t think that it necessarily needs it.

Do you conceive techno music connected purely to the club scene?

It seems to be expanding. It’s like hip hop music nowadays tends to sound like trance.

How do you feel about the end of LCD Soundsystem?

I miss playing. I don’t miss touring, but I miss touring with people, making music together…I kind of accepted that it’s over and I think it was what it was, and that it was a good idea to put it to an end. It was part of the evolution in a way.

 

Blues y desastre. (Esperando a Irene)

Suenan los primeros acordes de Midnight Hour Blues por Leroy Carr y la habitación se inyecta de un humo que suspende lo real y se me antoja como iluminado por una austera vela que oscurece y simplifica el mundo. Lo convierte en una micro esfera barroca rodando en la gramola de los acontecimientos, irrepetible pero en eterno retorno. Es el blues de la medianoche, de la hora mágica, el gozne entre mundos que ha fabricado mitos y literatura en el pliegue místico del tiempo, de la hora que no es. El momento en que la conciencia se desdobla, por el sueño o por la soledad existencial de un mundo sin luz o acaso iluminado por los neones y leds, palabras de luz, palabras imagen que nos siguen fascinando

El blues es la música de quienes se les ha arrebatado todo pero aun así tienen el poder de estar por encima de las circunstancias. Plagas, huracanes, inundaciones, enfermedad, traición, pobreza, esclavitud y muerte son temas recurrentes del blues. Libre de la espiritualización religiosa del gospel, el blues es esencialmente profano, una expresión individual ante el desastre. El blues no necesita explicación alguna, religiosa, política o moral, ni denuncia culpables. Si la persona es víctima de lo injusto del mundo, la voz, el aliento vital está por encima de todo ello. Una voz que grita sin queja, acompañando a la guitarra o al piano sobre ritmos que hacen temblar al cuerpo con unas vibraciones primitivas, anteriores a toda civilización. No hace falta saber tocar un instrumento para tocar un blues, no hace falta saber cantar para cantar un blues, solo hay que hacer sonar el cuerpo con esas vibraciones para entender que todo lo que existe es transitorio y que pasará.

Atrapados por circunstancias en las que nos sabemos conscientemente traicionados, engañados por la organización interesada del mundo o por la desgracia de las catástrofes naturales, el blues reduce el coeficiente de necesidad a prácticamente cero. Una vida sin miedo a la pérdida o con medios para integrarla en la fábula de nuestra existencia puede ser el arma más poderosa para combatir el desastre.

El blues no tiene autor, tiene intérprete (it’s the singer, not the song), algo lo suficientemente radical como para desmontar uno de los pilares básicos de nuestra cultura actual, el derecho de autor. Se sabe que antes de que existieran equipos de grabación, antes de que la industria discográfica se hubiera siquiera concebido, había intérpretes de blues, guitarristas, cantantes, bandas capaces de interpretar una canción, chasqueando los dedos, tocando las palmas, soplando una botella de whisky… Las letras son siempre adaptaciones de textos populares que el oportunismo de las discográficas llevó a registrar pero cuya potencial variación es ilimitada. En realidad uno sólo puede ser autor de sus propios actos, de su propia interpretación, de la puesta en acto del texto, jamás del texto en sí. Esa puesta en acto, el estilo, es la forma de hacer sonar al mundo; algo tan inaprensible como la propia presencia. Así, Midnight hour blues de Carr es tan distinto de Midnight blues de Bessie Smith como dos mundos, que se oscurecen por el mismo sol pero están separados por millones de años luz.

Ahora no es medianoche pero el cielo se oscurece como si lo fuera, con la uniforme placa de nubes que precede a la llegada del huracán Irene. El desastre acecha pero desde la aparente seguridad de un hogar recogido y abastecido de velas y provisiones me siento excitado por la inmanencia de un fenómeno que rearticula nuestra lógica de necesidad y nuestro orden de prioridades. En perspectiva no hay nada más que mis circunstancias y un tiempo en bruto que se mueve a la velocidad de un huracán.

Diario de Woodstock

Yo enfrente de Big Pink. Fotografía de Leila Jacue

Yo enfrente de Big Pink. Fotografía de Leila Jacue

Publicado originalmente en SalonKritik

“En el bosque hay caminos, por lo general medio ocultos por la maleza, que cesan bruscamente en lo no hollado. Es a estos caminos a los que se llama ‘Caminos de Bosque’. Cada uno de ellos sigue un trazado diferente, pero siempre dentro del mismo bosque. Muchas veces parece como si fueran iguales, pero es una mera apariencia. Los leñadores y los guardabosques conocen los caminos. Ellos saben lo que significa encontrarse en un camino que se pierde en el bosque”. (Martin Heidegger, ‘Caminos de Bosque’).

 

Conducimos despacio atravesando el bosque. Carreteras secundarias peinan la montaña creando un laberinto sellado desde el cielo por las copas de los árboles. Tanta madera proporciona un tipo de silencio seco al que apetece abrirse. Cabañas abandonadas o en reparación a lo largo del camino, algunas con algún coche aparcado en la puerta y quizás una canoa en el remolque.

Nos paramos en una casa al pie de un estanque de agua enrojecida por residuos minerales. Hay un pequeño muelle y sobre éste hay posada una grulla, muy quieta. Me siento como un intruso, un turista que soy en un tiempo que no es el mío. Leila me dice que no es eso, que estamos en una realidad paralela que transcurre al mismo tiempo que la vorágine tecno-industrial de la ciudad. Pero los dos coincidimos en que el tiempo aquí tiene más presencia. Cuando nos acercamos, la grulla vuela hacia un árbol cruzando el lago. Esa imagen tiene más peso en mi memoria que miles de personas atravesando Times Square en toda una mañana. “Lo and behold”, “Mira y verás”, decía el Antiguo Testamento.

No es casualidad que algunas de las canciones más influyentes de la historia de la música popular fueran compuestas y grabadas en ese mismo bosque, muy cerca de ahí, a menos de un kilómetro en una casa que se conoce como Big Pink, escondida tras los árboles, al final de lo que ahora es un camino privado. Music from Big Pink de The Band y las Basement Tapes de Dylan (con the Band) fueron producidas en ese entorno que conserva todavía un aire prehistórico que resiste a ser reemplazado.

El bosque es un lugar poderoso y eso se puede sentir su doble carácter, a la vez acogedor y amenazante. Hay que ser viejo para vivir en el bosque, no físicamente sino espiritualmente; sólo un espíritu viejo, que ha abandonado las tentativas y ejecuta con pulso firme las tareas esenciales del ser, puede vivir en el bosque. Todos los caminos parecen iguales, solamente los leñadores y el guardabosques saben distinguir cuáles conducen a una carretera principal y cuáles se pierden en rutas circulares que no llevan a ningún sitio. “Odds and ends, odds and ends, lost time is not found again”. El tiempo perdido no se encuentra otra vez. Tengo miedo de que una parte de mi se haya quedado en ese bosque y tenga que volver a recuperarla algún día, cuando sea guardabosques.

Cuando escucho las grabaciones de Big Pink siento cómo parte de la sabiduría del bosque habla a través de ellas. Letras espesas y llenas de figuras del discurso que, como criaturas salvajes, crean un tiempo propio que nos hace sentirnos -aunque hablemos la lengua- extraños en el lenguaje. Patrones rítmicos que poseen una cadencia respiratoria, lenta pero incesante; la conquista siempre temporal de un territorio que refleja la potencia pulmonar de la tierra. Y estribillos que terminan con aullidos colectivos: el bosque es un lugar para aullar. Aullidos que no son de desesperación, como el Howl de Ginsberg sino ejercicios de medición de distancia y reconocimiento animal en un mundo salvaje.

Seguimos la ruta y alcanzamos una ruta principal que nos lleva al pueblo de Woodstock al que ni siquiera entramos. Demasiada romería y turismo revivalista en un pueblo en el que en realidad nunca sucedió nada, el renombrado festival tuvo lugar en Bethel, a 70 kilómetros de allí, sólo el nombre lo convierte en lugar de peregrinación. La realidad es que fue en el bosque donde se creó la música y donde algún día se vivió en un clima de libertad radical y comunidad creativa que confluyó en aquél festival. Quizás ahora también siga produciéndose música increíble, en algún camino que se pierde en el bosque.
Post scriptum

Leo en el periódico que 10.000 hectáreas de monte y bosque arden en la provincia de León y pienso en cómo se pierde, una vez más, otro espacio para la producción de sentido en un mundo con piel cauterizada, que sangra por dentro.

Eremitas de cuarto

Publicado originalmente en SalonKritik

Speeding motorcycle, won’t you change me? / In a world of funny changes / Speeding motorcycle, won’t you change me?

La voz de Daniel Johnston* suena en el cuarto acompañada de una básica melodía propia de un jingle televisivo o de una serie de dibujos animados, la banda sonora de las aventuras del fantasma Casper, por ejemplo, que es el alter ego de Daniel. Hay algo tan dulce en la canción, Speeding motorcycle, pero también tan psicodélico, algo que se agarra al placer de la suavidad sintética, onanista, de la manta del cuarto que nos protege de un mundo frío, adulto y sin música.

En el cuarto están los juguetes, las imágenes, los instrumentos que nos permiten recrear la banda sonora de nuestros sueños más salvajes, que a veces son también los más inocentes, y pretender que nos comunicamos con nuestros ídolos musicales, aprendiendo los acordes y haciendo melodías sobre sus canciones. Crecimos con los ritmos infinitos de los casiotones y las guitarras que nos regalaron en la primera comunión, creíamos que seríamos capaces de vivir en la burbuja outsider de nuestros juegos mentales, de nuestros pequeños placeres, carentes de la agresividad reivindicativa de nuestros antepasados, inexplicables y tal vez inútiles como forma de protesta, pero protestas al fin y al cabo contra la aburrida asimilación de lo real. Para nosotros lo real era abrupto, intragable, como unas lentejas frías y sobre todo carente de imaginación. Los cantautores eran, son, ridículos narradores de un mundo al que nunca pertenecimos, los problemas eran sencillamente una forma de angustia repetida como amenaza permanente de nuestro mundo, de la adorable fragilidad de nuestra conciencia.

Las canciones para nosotros no estaban hechas de palabras con sentido sino de frases que expresaban la fugacidad imperativa de nuestras necesidades “¿Qué puedo hacer?”, “Viaja por países pequeños”, “pon tu mente al sol”, “córtate el pelo”… soluciones que no lo son, porque adorábamos las preguntas y desconfiábamos de las soluciones; nos daban vergüenza ajena. La sabiduría de viejo no era aún para nosotros, la tuvimos que reconocer a fuerza de realidad.

Todavía somos eremitas de cuarto, inadaptados sociales salidos de una película de Harmony Korine, adoradores de las historias que hurgan en lo más sórdido, en lo siniestro freudiano, en las palabras más dulces pero que pueden llegar a asustar. Queremos vivir en el instante más salvaje, aquel que no nos obliga a ser, queremos ser cabezas borradoras. Devotos de lo fi y la insondable extensión de las partículas magnéticas. Felices cuando llueve porque el paisaje desde nuestro cuarto se convierte en más bello, más distante, realidad saturada, ruido blanco en el cristal de la ventana.

‘Cause we don’t need reason and we don’t need logic
We’ve got feeling and we’re dang proud of it
Speeding motorcycle…

Dedicado a Nacho

 * El miércoles pasado Daniel Johnston dio un concierto en Casa Encendida donde actualmente se presenta una exposición de su obra.

Tiempo sin réplica

Originalmente en Art on the Tracks

Time of no reply is calling me to stay
There’s no hello and no goodbye
To leave there is no way

Nick Drake. Time of no reply.

Suena Jazz de músicos que murieron hace mucho tiempo, seguramente desperdigados en ciudades diferentes como Chicago, New York, New Orleans…, a pesar de haber sido banda algún día y haber creado juntos esta sutil pasta de tiempo.

Ahora, en este lugar y esta ciudad conecto con ellos y con su fuga. Quiero responderles de alguna manera, devolver algo de la energía que me invade; pero este es un tiempo sin réplica. La comunicación está machacada en el molinillo salvaje de la historia y pulverizada en partículas que ahora respiro.

Siento que comprendo mejor el destino trágico de Nick Drake, un tiempo al que él no pertenecía pero aun así le pedía quedarse: ¡quédate! Esa es la condena de este tiempo sin réplica, que nos conmina a quedarnos para ver como lo que más amamos en el mundo va desapareciendo.

Urracas moribundas: POR UNA NUEVA ESCENA MUSICAL

Originalmente en Art on the Tracks

Reconozcámoslo de una vez por todas, toda la herencia estética de Nick Drake, Townes Van Zandt, Keith Richards, etc… asociada al uso del alcohol, tabaco y estupefacientes ha predominado en la escena musical contemporánea como sine qua non de la conducta creativa. Los productos de esta mitificación del exceso han abundado en los efectos más corrosivos del desorden emocional, con los libros de Artaud o Bataille (en el mejor de los casos) como manuales de referencia , sin llegar en ningún caso a la despersonalización de éstos sino, más bien, buscando –como todo “frontman” que se precie- una personificación; en este caso la de unos supuestos héroes de la autodestrucción.

Pero los tiempos cambian. Llega una nueva generación que como silenciosa ola simbólica renueva la escena musical española. Hartos de las temáticas de índole Neo-romática, los romances imposibles, las tendencias suicidas y el uso de drogas, los nuevos tiempos no tienen cabida ya para el desperdicio de las capacidades poéticas del significado, creadoras de mundos posibles más allá de la tragedia de la autodestrucción. Los vicios o virtudes personales se dejan de lado. El compositor ya no relata su propia historia, sublimada por el efecto de los porros. Las historias se despliegan en horizontal intentando hacer mapa de las direcciones que tomamos, reflejar la inexactitud de nuestros procedimientos de conocimiento.

Las canciones que escuchamos vadean la trinchera entre experiencia y espectáculo, ese lugar a salvo bajo el que la crítica se refugia, y que construyen los propios medios. Hoy la guerra tiene lugar en todas partes, pero también en todas partes existen conciliaciones, y fundamentalmente entre las propias bandas que se convierten así en medios de comunicación ellas mismas.

El artista loco y genial se queda en personaje improcedente que no llega siquiera a causar risa sino más bien incómoda indiferencia. En todo caso, su relevancia será valorada por la calidad de su obra. Hoy hay demasiada gente haciendo música interesante como para focalizar la atención en un solo artista. Gente con una amplia formación intelectual y que realiza grandes esfuerzos creativos y físicos para llevar a cabo sus proyectos. Para que éstos no se queden en fugaces destellos que pueblan ocasionalmente las páginas de la prensa especializada –ese nunca fue su fin- es necesario conectarlos entre sí como escena que son. Escena musical pero también escena cultural que conforma un sólido panorama de iniciativas al que nos convendría asomarnos para salir de los viejos esquemas, pantanosos, debilitados y, ciertamente, en crisis.

http://www.myspace.com/kievcuandonieva1

http://www.myspace.com/silencio-oso

http://www.myspace.com/tudovale

Los síes y los noes de Nacho Vegas

Publicado originalmente en SalonKritik
“A todos los abismos porto yo aún, como bendición, mi decir sí”
Friedrich Nietzsche. Así habló Zaratustra.
“Y cuando digo no es no”
Nacho Vegas. El hombre que casi conoció a Michi Panero

 

Del mismo modo que sin el silencio se hace imposible el sonido, sin el sí se hace imposible el no.

Los síes y los noes de Nacho Vegas no son aceptaciones ni formas de rechazo, sino más bien acotaciones, reductos de verdad indiscutible, o que están más allá de toda discusión. Su forma de vocalizar los monosílabos crea muros que protegen su identidad de un modo que casi asusta. Nuestra entrega al sonido, a la identificación con las palabras, y en última instancia con la persona, como con la voluptuosidad de un mar violento, de esa masa colectiva que somos como público, se rompe en seco contra su gesto individuante. Vegas recibe entonces las salpicaduras emocionales del impacto –libres ya de la peligrosidad de lo masivo- y tras el silencio consiguiente hace aparecer lentamente el sonido de su música, orquestada por “las esferas invisibles”, su banda.

No es casual que sus músicos adopten tan leibniziano nombre. Todo en Vegas es Barroco. Todo es pliegue, repetición de pliegues emocionales (en la música y en la letra) que convergen en las intensidades de su voz, en los acentos que pliegan el significado de las palabras. En esos instantes en los que una frase o una palabra es acentuada, la canción se abre a la escucha y cautiva nuestra atención, siempre dejando claro que él habita en el extremo en penumbra del cono de la expresión. Organizado y presente. Integro.

Esta es la difícil contención que todo buen performer posee. Una guerra del individuo contra el delirio imaginario de la colectividad, contra su hambre incesante de destitución. Algo que Dylan llevara a cabo de un modo más radical si cabe a finales de los sesenta en sus primeros conciertos eléctricos. Ahora tal vez no haya abucheos pero si decepciones, que son decapitaciones. También mal periodismo, pero eso es otra historia.

Es por esto que se nos antoja necesario y valioso el uso de actitudes y expresiones que comprimen toda una individualidad haciéndola impenetrable y, por tanto, resistente a su desmoronamiento imaginario. Canciones que son mónadas, mundos en sí mismos, autosuficientes, con una lógica simbólica propia que regula los actos como un código. Aceptando el destino que esta lógica dicta restituimos el mito, una figura que aún conserva, desde nuestro punto de vista, valor como elemento organizador de conciencias. Tal vez, si acaso, aquí nos interese menos los tintes “malditos” de una lectura romántica del mito –la que suelen hacer los media – como el hecho de que constituya una figura de resistencia a la banalidad y falta de responsabilidad generalizada para con nuestros actos y nuestro tiempo.

David Garcia Casado/David Loss